Frases para ciudadanos:

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"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)

jueves, 10 de diciembre de 2009

Iñaki Ezkerra: 'La SGAE contra Mozart'

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Con el anteproyecto de ley que el Gobierno se trae entre manos para evitar las descargas privadas de música gratuita en internet y poder ordenar el cierre de páginas web sin una orden judicial siquiera, yo me he acordado del Miserere de Allegri, que ha sido, con certeza, la obra más exageradamente prohibida de todos los tiempos. Hacia mediados del siglo XVII Gregorio Allegri cumplió el encargo hecho por el Papa Urbano VIII de elaborar una partitura musical para ser única y exclusivamente interpretada en la Capilla Sixtina dos veces al año, una obra coral cuyas notas y voces hubiesen sido sólo pensadas y diseñadas para rebotar en las pinturas de Miguel Ángel. El castigo que amenazaba a quien se atreviera a vulnerar la fantástica prohibición y difundir la obra era la excomunión. Nunca el concepto de propiedad intelectual fue llevado tan lejos y nunca la violación de un copyright tuvo una multa tan extraordinaria y metafísica. Gracias a esta «urbanística» iniciativa, aquel CD post-renacentista permaneció como propiedad exclusiva del coro papal y como celoso secreto de la Iglesia durante más de un siglo. Hasta la madrugada del Miércoles Santo de 1769 en la que Mozart, a la edad de trece años y en un viaje a Roma, lo oye en compañía de su padre y rompe esa ley restrictiva al memorizarlo entero. Lo ha escuchado una sola vez pero al dejar la Capilla Sixtina ya se lleva íntegramente registrados los doce minutos de música en su cabeza (ése sí que era un disco duro y no lo de otros). Por esa bendita infracción, el Miserere de Allegri pudo ser difundido y nos ha llegado intacto. Sin que lo supieran ni el propio Mozart ni su padre, ni la SGAE ni el Gobierno de Zapatero, se acababa de producir la primera descarga ilegal de la Historia.

La anécdota es muy ilustrativa porque, si Allegri era un gran músico, tampoco Mozart era un mindundi, hecho obvio por el cual queda un tanto salvada la honrilla maltratada del pobre usuario particular de internet que simplemente se descarga una melodía para consumo personal o de los suyos sin ningún ánimo de lucro. No se trata, en fin, del gorrón vulgar y mediocre que trata ilegítimamente de disfrutar del sonoro néctar de la creatividad de un genio. También en ese usuario cabe la capacidad de crear e incluso la genialidad como fue el caso de Mozart sin ir más lejos. Yo es que no sé si se han dado cuenta los señores de la SGAE de que la «propiedad» nunca ha sido un «genuino concepto de izquierdas» y de que un sentido tan rentabilizador y usurero, tan hiperlegalista y burócrata, tan policial e inquisitorial de la propiedad intelectual resulta la cosa más reaccionaria y antisocialista del mundo. Yo no sé si se dan cuenta de la impopularidad que están ganándose a pulso estos peseteros extemporáneos de la Europa del euro que no perdonan al Universo la calderilla y que deben pensar en un «modelo de negocio sostenible» que no sea el «cobro totalitario» ni ese afán de ponerle puertas al campo y al bosque y al mar y al aire.

Mozart, por cierto, nunca fue excomulgado sino condecorado por su travesura con la insignia pontificia de la Orden de la Espuela de Oro, que, paradójicamente, absolvía a quien la recibiera de cualquier sentencia de excomunión. Clemente XIV era un tipo enrollado. No iba de progre el hombre, pero se dio cuenta de que el mundo había cambiado. No como éstos.
(Publicado en LA RAZON)

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