Frases para ciudadanos:

"Todos hemos nacido iguales, y los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados". (J.F. Kennedy).

"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)

lunes, 8 de febrero de 2010

Iñaki Ezkerra: 'El de la sierra'

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La foto de la juerga en Haití muestra lo más estúpido de la condición humana: la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.


Es una de las fotos de esa famosa juerga de los cooperantes en Haití que se distribuyeron alegremente por Facebook. En ella se le ve a un joven muriéndose de risa ante la cámara mientras hace, para sus coleguis de oenegé y de francachela, un paródico amago de disponerse a serrar el cuerpo de un herido que yace en un camastro. Hay otras fotos de ese desdichado álbum que quizá podían apelar a alguna disculpa, a un momento de relajación y esparcimiento después del duro trabajo de socorrer a las víctimas. Es verdad que eran unas fotos demasiado risueñas y más propias de una despedida de soltero que de unos voluntarios que acaban de desenterrar a unos semejantes de los escombros, pero se podía hacer un esfuerzo por entenderlas. Se podía apelar a eso, a las treguas de ocio y camaradería que hay en todas las tragedias y en las misiones humanitarias. Sin embargo, la foto del idiota moral de la sierra no tiene pase. Muestra lo más estúpido de la condición humana: la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.

Una indiferencia que llega al regodeo en el dolor. Lo curioso y lo paradójico es que ese imbécil podía haber pasado perfectamente por un héroe o un santo en la localidad en la que ha nacido o que podíamos haberle visto en un documental muy serio y tratando de despertar nuestra dormida conciencia sobre los males del Tercer Mundo. Lo llamativo y lo ilustrativo es lo terriblemente cerca que en este mundo nuestro están la piedad de la crueldad, la hipersensibilidad de la insensibilidad, la hazaña de la canallada. A veces son los tipos que se dedican profesionalmente a la solidaridad y a la fraternidad, a la fe en Dios y en el Hombre, los más fríos y los más burros. Un amigo mío que tiene una pésima opinión de los seres humanos me decía hace poco que para un gilipollas o para un sinvergüenza no hay como adherirse a una noble causa para que su baja catadura mortal o su gilipollez queden disimuladas, perdonadas o impunes; para ocultarlas y también preservarlas bajo la protección del prestigio que rodea a ese ideal. Tenía razón. Algo así es lo que quería decir Samuel Johnson cuando afirmaba en su célebre diccionario que «el patriotismo es el último refugio de los bribones». El doctor Johnson echaba mano del patriotismo porque en su época y en su país, en su contexto, ésa era una causa prestigiosa e incuestionable. En otros lugares donde el patriotismo está más puesto en tela de juicio, el refugio de los bribones puede ser la izquierda, los derechos humanos, la religión, las oenegés… Lo importante es eso: que la mejor causa atrae a los peores como a las moscas un panal de rica miel.

Y aún así, aún sabiendo eso, hay que seguir apostando por las nobles causas. Aunque a algunos compañeros de viaje se les vean de vez en cuando la cámara de fotos, la sonrisa y la sierra.

(Publicado en El Correo Digital)

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