Frases para ciudadanos:

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"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)

lunes, 19 de julio de 2010

Iñaki Ezkerra: Zapatero y Carbonero

En unas horas pasamos de la 'manifa' de Barcelona a la apoteosis patriótica del Mundial


(El Correo).- Se ha celebrado mucho estos días la naturalidad con la que los jugadores de 'La Roja' mostraban orgullosos la bandera española ante el mundo, pero confieso que hay algo en ese fenómeno que a mí en el fondo me despierta perplejidad y hasta me desasosiega. Es el salto vertiginoso y sin transición entre el sistemático menosprecio que hemos vivido en estos últimos años hacia todo lo que oliera a símbolo o concepto nacional y esa foto del Mundial de fútbol. ¿Qué ha pasado? ¿De pronto esa mala imagen que supuestamente teníamos de nosotros mismos como comunidad, ese prestigio que parecían tener en cambio los nacionalismos, el propio zapaterismo, en fin, eran mentira? Uno, que no ha pecado de acomplejado en ese sentido, recuerda que una vez tuvo que explicar a un auditorio levantisco que «España no es un invento de Manolo Escobar». Pero cuál es mi sorpresa al comprobar que la muchedumbre que recibió a la selección nacional no sólo se identificaba con la bandera de España sino con Manolo Escobar mismo. Uno es de los que durante años han tratado de reivindicar la idea de España identificándola con la libertad, la prosperidad, la paz, el progreso, las víctimas… Y de pronto comprueba que lo que no consiguió la apelación a la utopía ni a la economía ni a la política ni a la ética ni a la lírica lo consigue el fútbol. De pronto ve que es el propio Zapatero el que reniega de sí mismo y anda intentando chupar cámara, chupar rueda, chupar sangre de 'La Roja' como si el Mundial lo hubiera ganado él y no un grupo de chicos que tocan y abrazan y besan los colores nacionales exactamente con esa misma emoción que el zapaterismo había condenado como una cosa execrable, facha, carca y friki. De pronto oye hablar al presidente español del trabajo en equipo, del juego limpio, de la buena actitud, de la victoria sin trampas y por ser los mejores como si ésos no fueran los primeros valores que él sacrificó para llegar al poder y los que se han echado de menos en España durante todo su mandato; como si no le hubiéramos visto durante seis años jugando a la holandesa contra la derecha. De pronto, sí, uno observa con pasmo que ese buen hombre se ha propuesto convencernos de que él es la novia de Iker Casillas; de que ésta se llama en realidad Sara Zapatero y no Carbonero aprovechando que los dos tienen los mismos ojos azules como piscinas.

Sí, de pronto, en unas horas, pasamos de la 'manifa' de Barcelona a la apoteosis patriótica del Mundial y a Rodríguez Carbonero; de la nada al todo sin transición ni período de esplendor. No sé si el secreto de ese salto está en el fútbol o en la erótica del triunfo, en el cambio generacional, en la posmodernidad o en la renuncia a la coherencia. Sé que ahora creo empezar a entender a esos dos etarras que en Facebook llevaban la camiseta rojigualda.

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