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viernes, 26 de marzo de 2010

Joaquín Leguina: 'Para la Constitución se discutió si Catalunya era nación; y se rechazó'

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Acaba de publicar 'La luz crepuscular', unas 'memorias noveladas' en las que repasando su vida peina medio siglo de la historia de España y aledaños


(La Vanguardia).- Para los lectores de novela, Leguina es un apellido en el que se cruza la pluma de un hacedor de misterios de toda índole con la imagen asociada de una España que fue no ha mucho, una España rampante de modernidad y movida. La que va de 1983 hasta 1995, cuando la sensación de que dábamos pasos de gigante hacia la modernidad ya se había diluido. Canoso seguramente desde que nació, en Leguina ese rasgo que avejenta y que lo asaltó temprano ha tenido con los años un efecto contrario: parece suspendido en los cincuenta y tantos, aunque muy pronto vaya a cumplir setenta. Acaba de publicar La luz crepuscular (Alfaguara), una novela sobre sí mismo —"memorias noveladas", reza la faja— en la que repasando su vida peina medio siglo de la historia de España y aledaños. Quizá, el medio siglo más memorable —"digno de memoria", aclara el diccionario— de la historia de España.

La primera es obligada: ¿por qué novelar su biografía?
Es una novela en el sentido más clásico. Y he escogido ese formato para decir la verdad.

Mmmm…
En las memorias, los autores tienden a justificarse, y eso los aleja de la verdad. Por otra parte, así tiene más interés, aunque en buena parte sea lo que hice yo. Pero está concebido como una novela de forma que pueda enganchar al lector por las orejas y mantenerlo pegado al libro.

Y cuando uno tiene que echar la vista atrás, ¿Cómo se hurta a la nostalgia?
Son dos enemigos en realidad, la nostalgia, que es literalmente el dolor del regreso, y la añoranza. Y el protagonista de esta novela no añora nada. Algún dolor hay, es verdad, pero sin ninguna amargura pese a los episodios dolorosos. Y en un trasunto de la viuda, como es éste, tiene que aparecer eso.

Para narrar su vida, ha acudido a varias voces narrativas, ¿por qué?
Sí, hay un doble narrador que fue una decisión que tomé para definir bien al protagonista. Dado que él no habla de interioridades suyas, el narrador debe informar al lector, y por eso aparece eventualmente visto por otros personajes.

Al escribir esta novela y ver su vida plasmada en ella, ¿ha cambiado en algo la percepción que usted tiene de sí mismo?
No, no ha cambiado mucho. No sé si le entiendo.

De algún modo, la novela es un espejo, y los espejos no siempre nos devuelven la imagen que esperamos.
Sí, pero creo que no ha cambiado mucho. Siendo sincero, le diré que no me reconozco del todo en el protagonista de la novela. Y no me importa. Después de todo, quien tiene que reconocerlo es el lector. He querido presentarlo con mayor distancia, en su laberinto.

Los afectos y las pasiones tienen un peso muy importante en su relato, como la gran contingencia que todo lo dirige.
Eso es la vida, más que cualquier otra cosa. En los retratos de los personajes, el que más he cuidado es la madre. Y es un personaje muy importante, porque es una madre que yo no tuve y he tenido que inventármelo. Pero sí que he querido hacer, en ese sentido, una novela emocional.

Que usted estuviese familiarizado con la escritura del género negro, tan parco y exigente ¿le ayudó a abordar los asuntos emocionales sin dejarse llevar por el sentimentalismo?
Claro, el género negro es de gran ayuda. Explicar lo que siente un personaje, en ese sentido, obliga a escoger muy bien las palabras, y, en la novela negra aprendes que es mucho mejor un término bien escogido que muchos.

Y todo ello, cruzado con el ensayo, que es otro de los géneros que ya había practicado antes.
Sí, la apuesta es arriesgada, porque el protagonista se permite unos ex cursus reflexivos en los que no me he cortado un pelo. Los editores me aconsejaron reducirlos un poco, pero lo cierto es que sinceramente creo que la novela ha ganado con esos cortes.

Usted decía que no hay amargura en la novela, pero sí dolor. Parece que pesan mucho los desengaños. ¿Se considera desafortunado en amores?
Mire, quienes no tienen desengaños son los carmelitas descalzos. O sí los tienen, qué sé yo. Yo me he considerado afortunado muchas veces, y otras, desgraciado. La felicidad eterna no existe, pero sí que existe la felicidad en pequeñas dosis.

Y entre esos afectos de su personaje, tiene un papel preponderante la política. Los teóricos dicen que la política tiene que ser razón y no emoción. Usted parece postular la política como pasión.
La política es como la vida, se construye como una batidora en la que está la pasión y la razón. Tiene, respecto a otras actividades de la vida, una sola peculiaridad: el poder, que tiene un elemento peligroso, porque hablamos de poder sobre los demás.

En su novela, aún se ofrece un retrato de Felipe González como tipo honesto y capaz. ¿En esa lealtad pesa más el afecto o la razón?
No he sido nunca un adulador, pero es preciso reconocer lo que ha representado y las virtudes que atesora. Y es el momento de decirlo, no sé si le gustará. Espero que sí.

Habla en la novela, y no es nuevo, lo ha hecho a menudo, de lo poco preparados y lo distintos que son de su generación los nuevos líderes socialistas, empezando por Zapatero. Pero, ¿no es ley de vida? Quiero decir, buena parte de su generación también barrió con lo anterior y ocupó cargos de responsabilidad a una edad temprana.
Mire, cada vez que el discurso de los poderosos se empacha de frases a favor de los jóvenes, siempre se ha tratado de ponerlos camino del abismo. En la banca no se sustituye a los trabajadores viejos por jóvenes por dar paso a una nueva generación, sino por rescindir contratos fijos y convertirlos en temporales. También le digo que cerrar el paso a los jóvenes es un crimen de lesa patria. Pero tampoco eso justifica lo que ocurrió en el PSOE, que quisieron echarnos a todos para abrirse paso. En todo caso este no es un asunto entre jóvenes y viejos, sino entre calidades humanas.

Eso es más duro.
Es que en cualquier otra profesión, se mide a la gente por su capacidad para ejercerla. Es decir, de industria sabrá más quien haya desempeñado responsabilidades en el sector industrial. Y ahora nosotros tenemos políticos jóvenes que nunca han cotizado a la seguridad social, que nunca han trabajado en nada que no sea el partido. Sería preferible que fueran buenos carpinteros o ebanistas antes de entrar en política.

¿Por qué cree que es importante el desempeño en cualquier tipo de actividad laboral antes de meterse en política?
Porque la vida social no es la vida política. Ir a trabajar, sufrir porque tu jefe es un hijo de puta, pelear por salir adelante… Qué va a saber de todo eso quien está metido en las juventudes desde los 17 años y no ha tenido otro empleo.

En la novela, el protagonista, o sea, usted, profiere muchas críticas contra el aparato del partido, y pide mayor democracia interna. Sin embargo, la experiencia en España de los partidos más democráticos, de corte asambleario, es bastante triste.
El aparato debe existir, con controles. La nuestra es una democracia de partidos, pero lo que no puede hacer el aparato es subsumir todas las funciones. En todo caso, yo no reivindico un funcionamiento asambleario, creo en la democracia representativa, en la delegación. Pero también en rendir cuentas. Cualquier partido que se lance a democratizarse sólo recibe palos, empezando por la prensa.

¿La prensa?
Sí, porque cualquier debate se convierte en un guirigay, en una división interna en el relato de los periódicos. No se puede pedir democracia interna a los partidos y acto seguido hablar de división interna a propósito de cualquier debate. Esto sólo podría hacerse con una Ley de Partidos que diga cómo se van a elegir los órganos de gobierno internos. La constitución dice que deben ser democráticos, pero no se desarrolla el cómo. Por eso es necesaria una ley que obligue a hacer las cosas de determinada manera. Y claro, PSOE y PP no la van a hacer porque están encantados con la situación actual.

La Federación Madrileña, de la que usted fue secretario general, ha sido siempre un ejemplo de esos problemas de aparato de los que habla. ¿Es el nido de víboras que parece?
Mire, mi llegada a la secretaría general fue seguida de una revuelta, pero resistí y se alcanzó digamos una pax romana. Y en el tramo final, era muy obvio que querían sustituirme.

El libro relata todo eso.
Sí, pero lo hice a través del testimonio de Teófilo Serrano. Le pedí permiso y usé su propio relato de todo aquello. Le da más credibilidad y me evitó entrar en ello. Lo que le pasa a la FSM es como aquella frase, creo que de Porfirio Díaz, que decía que "México está tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos…" Pues la FSM está tan lejos de Moncloa y tan cerca de Ferraz…

Tras seis años de esta revolución generacional, ¿cree que el PSOE está llegando a un fin de ciclo?
Sin duda sí. Se llama a la puerta de los viejos luthiers, pero yo no me haría ilusiones. Popper sentó aquel principio de que no se vota quién va a dirigir un país, se vota para echar a un gobierno. Se trata de aplicar la lógica científica. Fue de los primeros que dijo que las hipótesis no se pueden verificar, sólo se pueden refutar. Es decir, que una prueba coincida con una ley sólo prueba que de momento nada indica que sea falsa, es decir, una verdad provisional, pero al contrario, si demuestra su falsedad, esa falsedad esa definitiva.

Debo preguntarle por el Estatut. Tiene palabras muy duras para el actual presidente por este asunto en su novela. ¿Lo responsabiliza de impulsarlo?
Sí, por el hecho de ponerlo en marcha y sacar el discurso de la España plural.
¿Qué significa la España plural? ¿Que España es plural pero Catalunya no?
Es una frase sin contenido. Mire, la cuestión de si Catalunya es nación se discutió al elaborar la constitución, se debatió y se rechazó. España no es una nación de naciones. Pero claro, es que este asunto tuvo un inicio muy malo.

¿A qué se refiere?
A que Zapatero prometió que apoyaría lo que saliera del Parlament. Es verdad que lo hizo cuando no contaba con ganar las elecciones, pero eso significaba dar barra libre, y claro, a barra libre todo el mundo va a pedir. Pero si en el Estatut que salió del Parlament hasta se decía que "había construido un paisaje". Pero estos ¿han plantado árboles o qué? Y lo más grave, en el texto, no hablaba el Parlament, ¡hablaba Catalunya! Esto es una apropiación indebida. Quienes redactan el estatut son catalanes, pero no son Catalunya. Claro, al final aquello se colapsa y lo saca adelante Zapatero llamando a Mas, o sea, poniéndole los cuernos al presidente Maragall y el tripartito. Claro, luego el problema es que no hay una ley de referéndum decente, y ni se plantearon aprobar una para votar el Estatut.

¿Qué quiere decir con decente?
Pues que establezca unos mínimos para dar por aprobado un texto como éste. Porque me dicen que se aprobó en referéndum, pero se aprobó con un 38% de los votos, mientras que la Constitución se aprobó con un 80% de los votos en Catalunya. El pueblo ha hablado, y aquí paz y después gloria. Son ganas de buscar disensiones y enfrentamientos. Estas cosas se hacen por consenso, uno no puede empujar a las tinieblas al 40% de los votantes españoles, que apoyan al PP.

Hace un retrato descreído de mayo del 68.
Bueno, esa parte es parcialmente ficción. Porque yo en mayo del 68 ya no estaba en París, me volví en octubre de 1967. Esa parte de la revuelta es ficción. Pero no podía eludirlo y contarlo desde lejos. En todo caso, hace poco vi un documental sobre aquello y escuché las asambleas de la Sorbona y no entendí nada, de modo que ese estupor es mío.

¿Es una desmitificación amarga?
Se trata de una desmitificación, pero no de un desengaño. Percibo la ingenuidad y el despropósito de todo aquello, pero siempre queda la imaginación y la gracia de aquella gente, de sus lemas, cuando por ejemplo gritaban que debajo de los adoquines que arrancaban para arrojárselos a la policía estaba la playa. Y hay algo paradójico.

Cuente.
Cuando los políticos se acercaron a olisquear, no fueron bien recibidos. A Mitterand lo llamaban Mythe errant (mito errante), y sin embargo él fue el gran beneficiario de aquellos disturbios. Años después se rodeó de los hijos de aquella revuelta.

¿Lamenta haberse retirado de la política?
No. Me tenía que haber ido antes. Y para que volviera, tendría que pedírmelo alguien. Yo detrás de un carguito no voy.

¿No cree que es pronto para unas memorias, aunque sean noveladas?
No, no lo creo. Me parece que es un buen momento para hacer balance, sobre todo en el campo de la pasión política.

Llama la atención que diga que la literatura es para usted una afición, con todo lo que lleva escrito.
Es una afición desmedida y desorganizada, si quiere. Yo escribo para que me lean y estoy más contento cuanto más venda. Creo que tengo un estilo potable y me gustaría tener éxito. Que se lea y que el libro guste, quiero que quien se acerque a la novela, que se enganche y, confieso que me gusta que cuando me ve la gente me lo diga.

lunes, 15 de febrero de 2010

Joaquín Leguina: "Zapatero se ha cargado a sus sucesores"

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EL IMPARCIAL ENTREVISTA AL EX PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Cuenta Joaquín Leguina que el cura invitó al moribundo general Narváez a confesar sus pecados y a perdonar a sus enemigos antes de abandonar la vida, pero éste le dijo que era imposible: los había matado a todos. "Con Zapatero ocurre lo mismo; se ha cargado a sus sucesores", concluye el ex presidente madrileño. Recibe a EL IMPARCIAL en su despacho del Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid, en el encuentro de la Gran Vía con la calle Alcalá. No parece estar de buen humor y mantiene en principio la pose del veterano cascarrabias, sólo pose, al que le encanta mantenerse vivo y escuchado. Pronto desenmascara su carácter y habla con pasión, sin perder un solo momento la ironía ni, por supuesto, la pose. Cercano en el trato y agradecido, abre las puertas a este periódico para hablar, entre otros asuntos, de su última novela, La luz crepuscular (Alfaguara), que lo ha devuelto a la primera plana mediática.


¿Cansado de tanta entrevista?
No lo sabe usted bien.

Ha vuelto a los medios gracias a la novela, pero le preguntamos por Zapatero.
Sí. A los periodistas no les interesan los libros, por lo que yo deduzco (sonríe socarronamente).

¿Cómo escribe?
Con pluma, con tinta negra y en cuaderno blanco, sin rayar. Luego, lo paso a ordenador y lo corrijo.

¿Cuánto tiempo le ha dedicado?
Mucho, me lo he tomado con mucha calma. Cuatro años, una cosa así.

¿Era una espina clavada contar esta historia?
Sí, tenía que hacer mis episodios personales, como Galdós hizo con los Nacionales.

¿Le atrae más lo real que la ficción?
Me gustan las dos cosas. Este libro está pensado como la novela de una generación. El personaje principal es un álter ego mío. Creo que puede ser significativa mi vida dentro de esa generación, la de los nacidos después de la Guerra, en el bando de los vencedores, así como asistir a su evolución, a sus cambios de una posición a otra y a cómo acaban del modo en que acaba el personaje, metido en política, primero más radical y luego más moderado.

¿Su memoria histórica como documentación?
Naturalmente. Para algunas partes he recurrido a apoyaturas porque la memoria es mala compañera y bastante traicionera, pero en partes enteras, como la de Chile, no he tenido que recurrir a nada. Por decirlo claro, lo he escrito de un tirón.

¿El resultado mejora las previsiones?
Eso nunca se sabe. Creo que era lo que quería hacer. He procurado cuidar el estilo y recurrir a un castellano limpio e inteligible. Me gusta que se entienda todo.

¿Le gusta?
Lo cuento bastante bien (ríe).

No quería ponerse medallas ni polemizar.
Quería que el libro destacara por la historia y por la emoción que pueda suscitar esa aventura vital. En toda novela, los personajes son la medida de todas las cosas. Vale más su construcción que todas las descripciones que puedas hacer, por ejemplo, de un paisaje. Es la textura del personaje su verosimilitud, sus pasiones las que cuentan a la hora de evaluar una novela.

Habla con cariño del pasado. ¿Pesimista ante el futuro?
No, no soy especialmente pesimista, aunque no sea tan optimista como el actual presidente del Gobierno. No es un arreglo de cuentas. El pasado está contado desde el momento actual, con la sabiduría o la posición que tiene el narrador ahora. Por tanto, no es una descripción exacta de lo vivido sino de cómo el autor lo ha vivido, que es un matiz diferente.

Habla de patriotas, forjados a base de adversidades que los ponían a prueba. ¿Muy diferentes a los políticos de ahora?
Cada uno es hijo de su momento. A los políticos que hicieron o hicimos la Transición nos tocó un momento muy especial en el que creo que estuvieron -yo estuve en un segundo nivel- los grandes líderes a la altura de las circunstancias. Estar a la altura de las circunstancias es poner los intereses de España, de la patria, por encima de los particulares o de partido. Creo que lo hicieron bien y hay que reconocérselo.

¿Quedan patriotas en la escena pública?
Quiero pensar que sí.

Cómo ve a los gobernados, ¿los ve dormidos?
Veo a la calle muy preocupada por la supervivencia, como es su obligación. Estamos en una situación muy difícil. Si no fuera así, estaríamos locos. Por otro lado, sí que hay demasiado sectarismo en España en el sentido de no darle al adversario ni agua, y eso no es bueno. Pensar que viene el lobo porque ganan los de enfrente no llega a buen puerto.

Con la que está cayendo, ¿cómo se explica que los políticos sean una de las principales preocupaciones de los españoles?
Por suerte, no tengo que contestar yo. Aquellos que nos tienen que solucionar los problemas no aparecen como solucionadores sino como un problema. Convendría que se lo hicieran mirar porque los elegimos para que alivien nuestras penas, no para que nos hagan más penosa la vida.

¿Cuál es su postura respecto a los rifirrafes entre Aguirre y Gallardón y Cobo?
Será que se pelean porque no tienen con quien hacerlo enfrente. Bien no les hace, creo yo, pero, más que lo que pueda ocurrir entre la señora Aguirre y el señor Gallardón, me preocupa mucho más lo que pasa en mi partido. Las últimas encuestas son muy malas y decepcionantes. Habría que intentar inyectar en nuestras filas algo más de optimismo para intentar convencer a la gente. La política, antes que cualquier otra cosa, es el convencimiento.

¿Y qué puede hacer Tomás Gómez?
Es alto, joven y ha sido un buen alcalde. Le deseo lo mejor, pero no le ha tocado en suerte el mejor momento para dejar de fumar, como dicen. La situación es dura para el PSOE.

¿Cuál es su diagnóstico?
El mal está dentro, es un partido ensimismado y endogámico y, mientras no se salga de ahí, será difícil conseguir éxitos en campo abierto.

¿Dónde están los buenos?
Hay muchísima gente. Mucha se ha retirado. Cuando llegaron los amigos de Zapatero diciendo que nos jubiláramos, muchos dijeron "ah, estupendo". Yo no soy de esos, pero entiendo que haya gente que ha tomado las de Villadiego. Por otro lado, creo que hay un cierto desprecio por los valores constitucionales más elementales. Respecto a la selección de personal, la Constitución es muy clara, dice que hay que valorar el mérito y la capacidad. El mérito es lo que se ha hecho en la vida y la capacidad, el talento. Hay que valorar esas cosas y no se está por la labor. ¿Dónde están los mecanismos de selección que utiliza el señor Zapatero? Ve uno a los ministros y ministras y se pregunta cómo se ha seleccionado eso. Dentro del partido, ese efecto está muy extendido.

¿Qué ministros le gustan?
No voy a dar nombres, algunos me gustan porque son amigos míos.

José María Barreda dijo que la lealtad implica crítica, pero no han sido bien recibidas sus palabras.
Dijo bien, estoy de acuerdo. Hay que ejercerla y yo la ejerzo, pero últimamente no abunda y sí el silencio y el aplauso.

¿Votaría a Zapatero en 2012?
Pues sí, qué remedio. Tengo la obligación.

¿Qué debe hacer para mantenerse en La Moncloa al menos hasta ese año?
No hace falta ser muy lince para saber que su mayor problema lo tiene en el Instituto Nacional de Estadística, que publica datos todos los días y no son buenos. Hay que cambiar los datos y no cambiando al director, sino cambiando la realidad.

Sabe que las críticas desde dentro, como las suyas, son más valiosas que las que llegan de fuera.
Vengo haciendo críticas desde hace ya tiempo y el tiempo me está dando la razón, lo cual es un triste consuelo.

¿Se le acerca gente que antes no lo hacía?
Seguramente, pero yo no me he movido de mi lugar. Lo veo lógico, es el juego. A lo que no estoy dispuesto es a estar callado para que no se aprovechen de mí.

¿Cuáles son ahora sus motivaciones literarias, después de quitarse la espina con La luz crepuscular?
No tengo nada concreto en mente, dudo entre escribir unos relatos o una novela. Estoy sobrevolando y hasta que no coja el cuaderno prefiero no adelantar nada.

¿Qué autores le están ayudando a llevar mejor estos días alborotados de promoción?
No hago otra cosa que leer, desde unos cuentos que han editado de gente norteamericana que desconocía absolutamente -unos me están gustando y otros no tanto-, a versos de René Char, poeta francés, en una buena edición de Galaxia Gutenberg. También estoy con Nabokov, con los cuentos completos, y da envidia. Escribe en un idioma que no es el suyo de nacimiento y es gracioso porque a Nabokov no le gustaba nada 'El Quijote'. Daba clases en una universidad americana y ponía a Cervantes fatal.

¿A qué edad va a jubilarse?
No me pienso jubilar, me moriré aquí o donde me pongan. Pienso que, antes de entrar a discutir la edad de jubilación, podría hacerse una cosa muy sencilla que es quitar la obligatoriedad de jubilarse. Me parece muy sano, pero hay otra gente, como yo, que no ve por qué tiene que jubilarse. Oiga, quite esa norma.

¿No le gusta la apacible vida del político retirado?
Me gusta la vida tranquila, como a cualquiera, pero no me veo jubilado, levantándome tarde, yendo a la obra a ver cómo trabajan los obreros. Me va más escribir, trabajar. Eso es lo que haré.

domingo, 17 de enero de 2010

Leguina: 'Luz crepuscular'

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(La Vanguardia) El ex presidente madrileño reconoce en La luz crepuscular (Alfaguara) que muchos socialistas votaron el Estatut "obligados". Al Gobierno de Zapatero lo define como "neosocialista", un cóctel de toques progres, cuarto y mitad de feminismo radical, otro tanto de retórica ecologista, rodajas de buenismo, un vaso de anticlericalismo y esencias de memoria histórica. ¿Paladean su aprecio por la nueva hornada de dirigentes socialistas?

(El Diario Montañés)

El escritor y político de Villaescusa publica su nueva narración, con un «notable componente autobiográfico», que presentará este mes en la Tribuna Literaria de Caja Cantabria

Los versos del poeta Ángel González sirven de preludio a la nueva ficción de Joaquín Leguina. El escritor y político cántabro publica esta semana 'La luz crepuscular' (Alfaguara), más de quinientas páginas que suponen un retrato de los entresijos de una época y de un partido, a modo de memorias noveladas. El ex presidente de la Comunidad de Madrid, el autor de Villaescusa (1941) es autor de novelas como 'La fiesta de los locos' y 'El rescoldo' y en su nueva incursión narrativa, su quinta novela, traza una inmersión, entre la realidad y la ficción, en una historia en la que, por ejemplo, no oculta sus opiniones y críticas hacia su partido y se convierte en personaje para narrar vivencias, gustos sexuales y reflexiones.

En una nota previa a sus nueve capítulos, incluso, se encarga de matizar la peculiaridad confesional de su obra: «la vida profesional y la pública del protagonista son un trasunto de la del autor». El texto se inscribe en la novela y sus personajes y acontecimientos salidos de la imaginación del autor reciben el nombre de ficción, pero «la novela contiene un notable componente autobiográfico». Sin embargo, precisa la nota, «tales contenidos desaparecen radical y totalmente en todo lo que se refiere a la vida sentimental y familiar del protagonista, cuyos avatares en nada concuerdan con los del autor».

La Tribuna de la Obra Social de Caja Cantabria reabrirá las puertas el día 26 de este mes con Leguina y su nuevo libro, 'La luz crepuscular'. «Sin caer en la trampa de colocarse a sí mismo tal como es ahora», Leguina revela y traza «un documento de primera mano para entender los sucesos políticos de los últimos años dentro y fuera de nuestro país: la posguerra, Mayo del 68, el triunfo y caída de Allende, la muerte de Franco, la transición, las sucesivas victorias y derrotas del PSOE.

Crónica sentimental
Pero su memoria novelada se asoma a este arranque editorial del año como «la crónica sentimental de una generación. Sus amores y sus desengaños, donde late la añoranza de la luz de los veranos juveniles y el dolor del regreso al pasado». Realidad y ficción conviven así en 'La luz crepuscular', un testimonio que se declara «político, moral, histórico y, sobre todo, humano», en el que Joaquín Leguina habla de «justicia, libertad, pasión y amor en una historia marcada por la memoria personal y la colectiva».

En palabras del autor, «una novela que saca a la luz la emoción que sentí -o sentimos- quienes veíamos en aquellos acontecimientos el inicio de una nueva era, nuestro encuentro con la Historia.»

Una narración estructurada en evocaciones, nombres y ciudades, (Santander, Villanueva de Villaescusa, Bilbao, Madrid, París...) cuyos epígrafes están siempre encabezados por los versos de poetas, caso de Gerardo Diego, Blas de Otero o Jaime Gil de Biedma.

El autor cántabro publicó hace apenas tres años su novela 'Las pruebas de la infamia', en la que el político socialista desembarcaba en el género negro con el trasfondo de una «trama de especulación inmobiliaria» ambientada en Madrid. Ya en esa ocasión personajes reales como la presidenta madrileña Esperanza Aguirre y el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón deambulaban por su obra junto a otros de ficción. Leguina, que nunca ha renunciado a su vocación literaria, cuenta con una larga trayectoria política, que le ha llevado a ocupar diferentes cargos, entre ellos el de presidente durante trece años de la Comunidad de Madrid y diputado. Es autor de 'La tierra más hermosa' (1996), 'El corazón del viento' (2000), el libro de relatos 'Cuernos' (2002) y 'Conocer gente' (2005), entre otras obras. Su participación en una antología de relatos de Ediciones Irreverentes y el reciente volumen colectivo, 'Obras de cámara. Relatos de tiendas', editado por la Cámara de Comercio, son publicaciones que contienen huellas de su escritura durante el pasado año.