Frases para ciudadanos:

"Todos hemos nacido iguales, y los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados". (J.F. Kennedy).

"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
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domingo, 11 de julio de 2010

Joaquín Leguina: Unanimidades y silencios

(Publicado en el Blog de Joaquín Leguina)

El contencioso que –según algunos catalanes- ellos tienen contra el resto de España y los misteriosos agravios que avalan ese contencioso han dado lugar, últimamente, a grandes unanimidades. En efecto, con esto del Estatuto, un día sí y otro también, aparecen por aquellas y por estas tierras “editoriales conjuntos”, “artículos colectivos” y otras muchas unanimidades políticas. Y destaca, sobre todas ellas, la unanimidad de los partidos allí operantes: CiU, PSC, ERC e Iniciativa. Todos nacional-catalanistas, todos quejicas y victimistas…y todos amenazantes, asegurando –entre otras lindezas- que “el pacto constitucional está roto” (¿unilateralmente?) o que algo discutido hasta la saciedad y entonces rechazado está hoy vigente, como es el caso de un imposible: “la España plurinacional”.

La lógica a la que obliga cualquier diálogo argumentado ha desaparecido del foro público catalán. Foro en el cual sólo está permitido expresarse en la “lengua propia” (como si el castellano hubiera llegado a Cataluña e impuesto allí de y por la mano de Franco). Foro monopolizado por un solo discurso: el nacionalista. Espacio en el que cualquiera se envuelve en la “senyera” y se pone a hablar –sin ruborizarse- en nombre de Cataluña.

Pero en democracia toda unanimidad es sospechosa, y ésta, desde luego, lo es, precisamente porque oculta una dolorosa realidad: la de la endogamia impuesta por una clase dirigente encantada de haberse conocido. Endogamia y unanimidad cuya expresión más sangrante consiste en el siguiente hecho diferencial: en casi todas partes hay ladrones dentro de los partidos, pero Cataluña es el único lugar de España en el cual los cacos de los diferentes partidos roban juntos.

Su escaso pluralismo político ha hecho de la democracia catalana una democracia muy pobre que ha encontrado una inesperada complicidad en el clamoroso silencio de los dos grandes partidos españoles (PSOE y PP). Un silencio que otorga crédito a los disparates jurídicos, políticos e ideológicos con los que la clase política catalana nos maltrata a todos… y en primer lugar a los catalanes. La sociedad catalana es prisionera hoy de una clase política que la condena a mirarse continuamente su propio ombligo..
 
NOTA DEL BLOGUERO: D. Joaquín Leguina olvida que no todos los partidos políticos catalanes se suman a este aquelarre de voluntades políticas, a esta unanimidad victimista y anti-constitucional. Existen dos honrosas excepciones: Ciudadanos (C's), y en ocasiones, que no siempre, el PPC. Ambos partidos defienden la Constitución, y rompen esa "omertá" catalana que tiene más tufo a "cosa nostra" que a clase política al servicio de los ciudadanos.

lunes, 15 de febrero de 2010

Joaquín Leguina: "Zapatero se ha cargado a sus sucesores"

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EL IMPARCIAL ENTREVISTA AL EX PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Cuenta Joaquín Leguina que el cura invitó al moribundo general Narváez a confesar sus pecados y a perdonar a sus enemigos antes de abandonar la vida, pero éste le dijo que era imposible: los había matado a todos. "Con Zapatero ocurre lo mismo; se ha cargado a sus sucesores", concluye el ex presidente madrileño. Recibe a EL IMPARCIAL en su despacho del Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid, en el encuentro de la Gran Vía con la calle Alcalá. No parece estar de buen humor y mantiene en principio la pose del veterano cascarrabias, sólo pose, al que le encanta mantenerse vivo y escuchado. Pronto desenmascara su carácter y habla con pasión, sin perder un solo momento la ironía ni, por supuesto, la pose. Cercano en el trato y agradecido, abre las puertas a este periódico para hablar, entre otros asuntos, de su última novela, La luz crepuscular (Alfaguara), que lo ha devuelto a la primera plana mediática.


¿Cansado de tanta entrevista?
No lo sabe usted bien.

Ha vuelto a los medios gracias a la novela, pero le preguntamos por Zapatero.
Sí. A los periodistas no les interesan los libros, por lo que yo deduzco (sonríe socarronamente).

¿Cómo escribe?
Con pluma, con tinta negra y en cuaderno blanco, sin rayar. Luego, lo paso a ordenador y lo corrijo.

¿Cuánto tiempo le ha dedicado?
Mucho, me lo he tomado con mucha calma. Cuatro años, una cosa así.

¿Era una espina clavada contar esta historia?
Sí, tenía que hacer mis episodios personales, como Galdós hizo con los Nacionales.

¿Le atrae más lo real que la ficción?
Me gustan las dos cosas. Este libro está pensado como la novela de una generación. El personaje principal es un álter ego mío. Creo que puede ser significativa mi vida dentro de esa generación, la de los nacidos después de la Guerra, en el bando de los vencedores, así como asistir a su evolución, a sus cambios de una posición a otra y a cómo acaban del modo en que acaba el personaje, metido en política, primero más radical y luego más moderado.

¿Su memoria histórica como documentación?
Naturalmente. Para algunas partes he recurrido a apoyaturas porque la memoria es mala compañera y bastante traicionera, pero en partes enteras, como la de Chile, no he tenido que recurrir a nada. Por decirlo claro, lo he escrito de un tirón.

¿El resultado mejora las previsiones?
Eso nunca se sabe. Creo que era lo que quería hacer. He procurado cuidar el estilo y recurrir a un castellano limpio e inteligible. Me gusta que se entienda todo.

¿Le gusta?
Lo cuento bastante bien (ríe).

No quería ponerse medallas ni polemizar.
Quería que el libro destacara por la historia y por la emoción que pueda suscitar esa aventura vital. En toda novela, los personajes son la medida de todas las cosas. Vale más su construcción que todas las descripciones que puedas hacer, por ejemplo, de un paisaje. Es la textura del personaje su verosimilitud, sus pasiones las que cuentan a la hora de evaluar una novela.

Habla con cariño del pasado. ¿Pesimista ante el futuro?
No, no soy especialmente pesimista, aunque no sea tan optimista como el actual presidente del Gobierno. No es un arreglo de cuentas. El pasado está contado desde el momento actual, con la sabiduría o la posición que tiene el narrador ahora. Por tanto, no es una descripción exacta de lo vivido sino de cómo el autor lo ha vivido, que es un matiz diferente.

Habla de patriotas, forjados a base de adversidades que los ponían a prueba. ¿Muy diferentes a los políticos de ahora?
Cada uno es hijo de su momento. A los políticos que hicieron o hicimos la Transición nos tocó un momento muy especial en el que creo que estuvieron -yo estuve en un segundo nivel- los grandes líderes a la altura de las circunstancias. Estar a la altura de las circunstancias es poner los intereses de España, de la patria, por encima de los particulares o de partido. Creo que lo hicieron bien y hay que reconocérselo.

¿Quedan patriotas en la escena pública?
Quiero pensar que sí.

Cómo ve a los gobernados, ¿los ve dormidos?
Veo a la calle muy preocupada por la supervivencia, como es su obligación. Estamos en una situación muy difícil. Si no fuera así, estaríamos locos. Por otro lado, sí que hay demasiado sectarismo en España en el sentido de no darle al adversario ni agua, y eso no es bueno. Pensar que viene el lobo porque ganan los de enfrente no llega a buen puerto.

Con la que está cayendo, ¿cómo se explica que los políticos sean una de las principales preocupaciones de los españoles?
Por suerte, no tengo que contestar yo. Aquellos que nos tienen que solucionar los problemas no aparecen como solucionadores sino como un problema. Convendría que se lo hicieran mirar porque los elegimos para que alivien nuestras penas, no para que nos hagan más penosa la vida.

¿Cuál es su postura respecto a los rifirrafes entre Aguirre y Gallardón y Cobo?
Será que se pelean porque no tienen con quien hacerlo enfrente. Bien no les hace, creo yo, pero, más que lo que pueda ocurrir entre la señora Aguirre y el señor Gallardón, me preocupa mucho más lo que pasa en mi partido. Las últimas encuestas son muy malas y decepcionantes. Habría que intentar inyectar en nuestras filas algo más de optimismo para intentar convencer a la gente. La política, antes que cualquier otra cosa, es el convencimiento.

¿Y qué puede hacer Tomás Gómez?
Es alto, joven y ha sido un buen alcalde. Le deseo lo mejor, pero no le ha tocado en suerte el mejor momento para dejar de fumar, como dicen. La situación es dura para el PSOE.

¿Cuál es su diagnóstico?
El mal está dentro, es un partido ensimismado y endogámico y, mientras no se salga de ahí, será difícil conseguir éxitos en campo abierto.

¿Dónde están los buenos?
Hay muchísima gente. Mucha se ha retirado. Cuando llegaron los amigos de Zapatero diciendo que nos jubiláramos, muchos dijeron "ah, estupendo". Yo no soy de esos, pero entiendo que haya gente que ha tomado las de Villadiego. Por otro lado, creo que hay un cierto desprecio por los valores constitucionales más elementales. Respecto a la selección de personal, la Constitución es muy clara, dice que hay que valorar el mérito y la capacidad. El mérito es lo que se ha hecho en la vida y la capacidad, el talento. Hay que valorar esas cosas y no se está por la labor. ¿Dónde están los mecanismos de selección que utiliza el señor Zapatero? Ve uno a los ministros y ministras y se pregunta cómo se ha seleccionado eso. Dentro del partido, ese efecto está muy extendido.

¿Qué ministros le gustan?
No voy a dar nombres, algunos me gustan porque son amigos míos.

José María Barreda dijo que la lealtad implica crítica, pero no han sido bien recibidas sus palabras.
Dijo bien, estoy de acuerdo. Hay que ejercerla y yo la ejerzo, pero últimamente no abunda y sí el silencio y el aplauso.

¿Votaría a Zapatero en 2012?
Pues sí, qué remedio. Tengo la obligación.

¿Qué debe hacer para mantenerse en La Moncloa al menos hasta ese año?
No hace falta ser muy lince para saber que su mayor problema lo tiene en el Instituto Nacional de Estadística, que publica datos todos los días y no son buenos. Hay que cambiar los datos y no cambiando al director, sino cambiando la realidad.

Sabe que las críticas desde dentro, como las suyas, son más valiosas que las que llegan de fuera.
Vengo haciendo críticas desde hace ya tiempo y el tiempo me está dando la razón, lo cual es un triste consuelo.

¿Se le acerca gente que antes no lo hacía?
Seguramente, pero yo no me he movido de mi lugar. Lo veo lógico, es el juego. A lo que no estoy dispuesto es a estar callado para que no se aprovechen de mí.

¿Cuáles son ahora sus motivaciones literarias, después de quitarse la espina con La luz crepuscular?
No tengo nada concreto en mente, dudo entre escribir unos relatos o una novela. Estoy sobrevolando y hasta que no coja el cuaderno prefiero no adelantar nada.

¿Qué autores le están ayudando a llevar mejor estos días alborotados de promoción?
No hago otra cosa que leer, desde unos cuentos que han editado de gente norteamericana que desconocía absolutamente -unos me están gustando y otros no tanto-, a versos de René Char, poeta francés, en una buena edición de Galaxia Gutenberg. También estoy con Nabokov, con los cuentos completos, y da envidia. Escribe en un idioma que no es el suyo de nacimiento y es gracioso porque a Nabokov no le gustaba nada 'El Quijote'. Daba clases en una universidad americana y ponía a Cervantes fatal.

¿A qué edad va a jubilarse?
No me pienso jubilar, me moriré aquí o donde me pongan. Pienso que, antes de entrar a discutir la edad de jubilación, podría hacerse una cosa muy sencilla que es quitar la obligatoriedad de jubilarse. Me parece muy sano, pero hay otra gente, como yo, que no ve por qué tiene que jubilarse. Oiga, quite esa norma.

¿No le gusta la apacible vida del político retirado?
Me gusta la vida tranquila, como a cualquiera, pero no me veo jubilado, levantándome tarde, yendo a la obra a ver cómo trabajan los obreros. Me va más escribir, trabajar. Eso es lo que haré.

domingo, 17 de enero de 2010

Leguina: 'Luz crepuscular'

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(La Vanguardia) El ex presidente madrileño reconoce en La luz crepuscular (Alfaguara) que muchos socialistas votaron el Estatut "obligados". Al Gobierno de Zapatero lo define como "neosocialista", un cóctel de toques progres, cuarto y mitad de feminismo radical, otro tanto de retórica ecologista, rodajas de buenismo, un vaso de anticlericalismo y esencias de memoria histórica. ¿Paladean su aprecio por la nueva hornada de dirigentes socialistas?

(El Diario Montañés)

El escritor y político de Villaescusa publica su nueva narración, con un «notable componente autobiográfico», que presentará este mes en la Tribuna Literaria de Caja Cantabria

Los versos del poeta Ángel González sirven de preludio a la nueva ficción de Joaquín Leguina. El escritor y político cántabro publica esta semana 'La luz crepuscular' (Alfaguara), más de quinientas páginas que suponen un retrato de los entresijos de una época y de un partido, a modo de memorias noveladas. El ex presidente de la Comunidad de Madrid, el autor de Villaescusa (1941) es autor de novelas como 'La fiesta de los locos' y 'El rescoldo' y en su nueva incursión narrativa, su quinta novela, traza una inmersión, entre la realidad y la ficción, en una historia en la que, por ejemplo, no oculta sus opiniones y críticas hacia su partido y se convierte en personaje para narrar vivencias, gustos sexuales y reflexiones.

En una nota previa a sus nueve capítulos, incluso, se encarga de matizar la peculiaridad confesional de su obra: «la vida profesional y la pública del protagonista son un trasunto de la del autor». El texto se inscribe en la novela y sus personajes y acontecimientos salidos de la imaginación del autor reciben el nombre de ficción, pero «la novela contiene un notable componente autobiográfico». Sin embargo, precisa la nota, «tales contenidos desaparecen radical y totalmente en todo lo que se refiere a la vida sentimental y familiar del protagonista, cuyos avatares en nada concuerdan con los del autor».

La Tribuna de la Obra Social de Caja Cantabria reabrirá las puertas el día 26 de este mes con Leguina y su nuevo libro, 'La luz crepuscular'. «Sin caer en la trampa de colocarse a sí mismo tal como es ahora», Leguina revela y traza «un documento de primera mano para entender los sucesos políticos de los últimos años dentro y fuera de nuestro país: la posguerra, Mayo del 68, el triunfo y caída de Allende, la muerte de Franco, la transición, las sucesivas victorias y derrotas del PSOE.

Crónica sentimental
Pero su memoria novelada se asoma a este arranque editorial del año como «la crónica sentimental de una generación. Sus amores y sus desengaños, donde late la añoranza de la luz de los veranos juveniles y el dolor del regreso al pasado». Realidad y ficción conviven así en 'La luz crepuscular', un testimonio que se declara «político, moral, histórico y, sobre todo, humano», en el que Joaquín Leguina habla de «justicia, libertad, pasión y amor en una historia marcada por la memoria personal y la colectiva».

En palabras del autor, «una novela que saca a la luz la emoción que sentí -o sentimos- quienes veíamos en aquellos acontecimientos el inicio de una nueva era, nuestro encuentro con la Historia.»

Una narración estructurada en evocaciones, nombres y ciudades, (Santander, Villanueva de Villaescusa, Bilbao, Madrid, París...) cuyos epígrafes están siempre encabezados por los versos de poetas, caso de Gerardo Diego, Blas de Otero o Jaime Gil de Biedma.

El autor cántabro publicó hace apenas tres años su novela 'Las pruebas de la infamia', en la que el político socialista desembarcaba en el género negro con el trasfondo de una «trama de especulación inmobiliaria» ambientada en Madrid. Ya en esa ocasión personajes reales como la presidenta madrileña Esperanza Aguirre y el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón deambulaban por su obra junto a otros de ficción. Leguina, que nunca ha renunciado a su vocación literaria, cuenta con una larga trayectoria política, que le ha llevado a ocupar diferentes cargos, entre ellos el de presidente durante trece años de la Comunidad de Madrid y diputado. Es autor de 'La tierra más hermosa' (1996), 'El corazón del viento' (2000), el libro de relatos 'Cuernos' (2002) y 'Conocer gente' (2005), entre otras obras. Su participación en una antología de relatos de Ediciones Irreverentes y el reciente volumen colectivo, 'Obras de cámara. Relatos de tiendas', editado por la Cámara de Comercio, son publicaciones que contienen huellas de su escritura durante el pasado año.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Joaquín Leguina opina sobre el editorial en apoyo del nuevo Estatuto de Cataluña

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Como era de esperar, nuestro paisano Joaquín Leguina se ha manifestado en contra del editorial conjunto (el "parte"), que 12 periódicos catalanistas (no solo catalanes, sino catalanistas) publicaron la semana pasada, en un nuevo órdago contra el Tribunal Constitucional.

Ya Joaquín Leguina se manifestó en el momento de la gestación del citado Estatut en contra del mismo, avisando de su inconstitucionalidad, aunque a la hora de la verdad la disciplina de voto del PSOE le llevó a votarlo afirmativamente en el Congreso.

Desde que ya no tiene obligaciones partidistas, Leguina nos deleita con sus artículos, en estado puro. Veamos, pues, lo que publicó la semana pasada en su blog.

La plaga de la demagogia no es de ayer. Ya Pericles tuvo que soportarla, para desgracia de los atenienses, y es ese mismo virus el que infecta hoy en España el debate en torno a la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) –tan esperada- acerca de los recursos de inconstitucionalidad presentados en su día contra el nuevo Estatuto de Cataluña. Un texto que nunca gozó de consenso (uno de esos recursos está presentado por el PP) ni en el Parlamento catalán ni en las Cortes. Un texto siempre conflictivo que fue aprobado en referéndum con un porcentaje de síes respecto al censo, simplemente, ridículo. Así que menos lobos.

En cuanto al fondo del asunto, conviene ser claro: al TC no se le pregunta si una norma jurídica es constitucional o no lo es. Lo que se le pregunta es si ese texto posee la legitimidad constitucional que lo convierte en norma jurídica o no la tiene. Porque cuando una disposición de cualquier Parlamento –con o sin referéndum- se sale del cauce constitucional, carece de legitimidad y no pasa de ser una mera apariencia de derecho… y eso, precisamente eso, es lo que le pasa al nuevo Estatuto en asuntos tales como la obligatoriedad de la lengua catalana, obligación que es claramente inconstitucional, tal y como dejó ya meridianamente claro el TC en una sentencia sobre idéntico tema, sentencia de la que fue ponente Francisco Tomás y Valiente.

La guinda de este pastel de chantajes y amenazas contra el TC la han puesto, por ahora, doce periódicos catalanes publicando el mismo editorial. Un texto tan amenazador como mentiroso que sólo deja clara una cosa: el pluralismo político corre un serio peligro en Cataluña.

¿Y qué va a ocurrir si el TC echa abajo (como es su obligación) algunas partes significativas del mentado Estatuto?

Los políticos catalanes destilarán unas gotas más de victimismo, única fuente nutricia del catalanismo y del nacionalismo allí coligados… y como escribió Cervantes, “caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Nada.

martes, 3 de noviembre de 2009

La Cataluña "eterna": Leguina critica el caso "Millet"

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Nuestro paisano Joaquín Leguina, ex presidente de la Comunidad de Madrid y ex diputado del PSOE, el 27 de octubre de 2009, escribe con gran acierto en su blog:


Félix Millet, el “ciudadano que nos honra”, recibió en 2008 este título en presencia de las autoridades catalanas y del Ministro de Cultura y, apenas un año después, se ve ante la Justicia por haber “levantado” del Palau de la Música entre 20 y 30 millones de euros. Pero, claro está, un señor a quien también se le otorgó la “Creu de Sant Jordi” (Pujol) y la llave de Barcelona (Maragall) no puede ser tratado como un vulgar ladrón de gallinas. Quizá por eso el juez instructor, Juli Solaz, no ha visto indicios de malversación y ha decidido dejarlo libre con cargos, pero sin fianza. Y yo me pregunto: ¿dónde tendrá los ojos este lince?

Aparte de sueldos y dietas millonarias, de bodorrios de hijas y de putas (incluyendo los preservativos), el señor Millet se lo llevaba crudo y aún le sobraba para financiar a los partidos, con especial dedicación al CDC de Artur Mas. Pero este mangante es algo más. Se ha convertido en el paradigma de la Cataluña oficial, gente capaz de rechazar cualquier crítica con el simple exorcismo de la “catalanofobia”. Porque los políticos catalanes no responden ante los ciudadanos ni ante Dios ni ante la Historia. ¿Por qué? Porque ellos son Cataluña, la Cataluña eterna.

Millet es, también – y lo ha hecho con gran solvencia-, el representante de toda esa legión de las familias catalanas (miembros de las “cuatrocientas familias” que, según Millet, son las que mandan en Cataluña: las del Liceo, de la Caixa, del Barça, del Círculo Ecuestre, del Club de Polo… ) que fueron franquistas prácticos y pasaron sin cambiarse la ropa a servir al nacionalismo sin hacerle ascos al PSC (“esos chicos que eran progres en su juventud y que hoy nos sirven para que los votantes charnegos no se nos salgan del redil”).

Millet se verá ante los jueces y saldrá de la vida social, pero aún le quedará pasta para echar unos quiquis en el piso de la calle Verdaguer i Callí, donde puso, por cuenta del Palau, su nidito de amor mercenario… Y el resto, como en Hamlet, será silencio.

miércoles, 28 de mayo de 2008

EL VIRUS IDENTITARIO

Nuestro paisano Joaquín Leguina escribe en su blog, a raíz de la detención de los miembros de la cúpula de ETA, sobre el virus identitario que afecta a gente como Paco López, alias "Thierry".

El problema de ese virus es que es muy difícil de eliminar, ya que está protegido y amparado por el entorno propicio que le rodea; un entorno de silencio, de complicidades, de miradas temerosas, de consentimiento tácito, de miedo en definitiva. Un ambiente enrarecido, que se nutre de un peligroso caldo de cultivo, de mentiras, de odio, de victimismo, de manipulación y falsificaciones de la Historia.


EL VIRUS IDENTITARIO

“Estaban armados, pero no opusieron resistencia”, decía la nota de la Gendarmería francesa en Burdeos. Eso les define: desprecian la vida de los demás tanto como aprecian la propia. Los heroicos gudaris siempre tiran las armas ante gente armada.

A Francisco Javier López Peña, nacido en 1958, le sobran kilos y debiera cuidarse, pues ese rostro mofletudo y gritón anuncia algún trastorno coronario, pero tendrá tiempo de hacerlo durante los años de cárcel que le esperan a este maketo reconvertido en gudari. El médico del penal impedirá que se atiborre de chiquitos y de villagodios.

Porque Paco López Peña es el jefe de los etarras y desde muy joven ha estado sin pegar un palo al agua viviendo de la extorsión y del atraco hasta llegar al más alto rango del escalafón criminal…

¿Dónde cogió el joven López este virus identitario que le ha convertido en lo que hoy es: un asesino? En alguna taberna, eso seguro, y escuchando cantos raciales o aplaudiendo los goles del Athleti… porque esas cosas no se aprenden leyendo a Kant. Un virus que es mortal, mas -a diferencia de los otros- no pone en peligro la vida de quien sufre la infección, sino la de los demás.

El gran definidor de la identidad euskaldún, es decir, don Sabino Arana Goiri, jamás hubiera admitido entre los suyos a quien no calzara –por lo menos- dieciséis apellidos vascos… y este López Peña –me parece a mí- no tiene entre sus ancestros a un Urrutxurtu que llevarse a la boca. Es obvio que ha sido presa de un proceso perverso llamado hiperintegración, que consiste en identificarse con “el pueblo” de acogida hasta el punto de negar las propias raíces. Los maketos que se meten en ETA o los charnegos que se niegan a hablar el castellano en Barcelona son ejemplos del mismo síndrome… y este Paco López es su más tarado y repulsivo representante."