Frases para ciudadanos:
"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
domingo, 11 de julio de 2010
Joaquín Leguina: Unanimidades y silencios
lunes, 15 de febrero de 2010
Joaquín Leguina: "Zapatero se ha cargado a sus sucesores"
EL IMPARCIAL ENTREVISTA AL EX PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID

¿Cansado de tanta entrevista?
No lo sabe usted bien.
Sí. A los periodistas no les interesan los libros, por lo que yo deduzco (sonríe socarronamente).
Con pluma, con tinta negra y en cuaderno blanco, sin rayar. Luego, lo paso a ordenador y lo corrijo.
Mucho, me lo he tomado con mucha calma. Cuatro años, una cosa así.
Sí, tenía que hacer mis episodios personales, como Galdós hizo con los Nacionales.
Me gustan las dos cosas. Este libro está pensado como la novela de una generación. El personaje principal es un álter ego mío. Creo que puede ser significativa mi vida dentro de esa generación, la de los nacidos después de la Guerra, en el bando de los vencedores, así como asistir a su evolución, a sus cambios de una posición a otra y a cómo acaban del modo en que acaba el personaje, metido en política, primero más radical y luego más moderado.
Naturalmente. Para algunas partes he recurrido a apoyaturas porque la memoria es mala compañera y bastante traicionera, pero en partes enteras, como la de Chile, no he tenido que recurrir a nada. Por decirlo claro, lo he escrito de un tirón.
Eso nunca se sabe. Creo que era lo que quería hacer. He procurado cuidar el estilo y recurrir a un castellano limpio e inteligible. Me gusta que se entienda todo.
Lo cuento bastante bien (ríe).
Quería que el libro destacara por la historia y por la emoción que pueda suscitar esa aventura vital. En toda novela, los personajes son la medida de todas las cosas. Vale más su construcción que todas las descripciones que puedas hacer, por ejemplo, de un paisaje. Es la textura del personaje su verosimilitud, sus pasiones las que cuentan a la hora de evaluar una novela.
No, no soy especialmente pesimista, aunque no sea tan optimista como el actual presidente del Gobierno. No es un arreglo de cuentas. El pasado está contado desde el momento actual, con la sabiduría o la posición que tiene el narrador ahora. Por tanto, no es una descripción exacta de lo vivido sino de cómo el autor lo ha vivido, que es un matiz diferente.
Cada uno es hijo de su momento. A los políticos que hicieron o hicimos la Transición nos tocó un momento muy especial en el que creo que estuvieron -yo estuve en un segundo nivel- los grandes líderes a la altura de las circunstancias. Estar a la altura de las circunstancias es poner los intereses de España, de la patria, por encima de los particulares o de partido. Creo que lo hicieron bien y hay que reconocérselo.
Quiero pensar que sí.
Cómo ve a los gobernados, ¿los ve dormidos?
Veo a la calle muy preocupada por la supervivencia, como es su obligación. Estamos en una situación muy difícil. Si no fuera así, estaríamos locos. Por otro lado, sí que hay demasiado sectarismo en España en el sentido de no darle al adversario ni agua, y eso no es bueno. Pensar que viene el lobo porque ganan los de enfrente no llega a buen puerto.
Por suerte, no tengo que contestar yo. Aquellos que nos tienen que solucionar los problemas no aparecen como solucionadores sino como un problema. Convendría que se lo hicieran mirar porque los elegimos para que alivien nuestras penas, no para que nos hagan más penosa la vida.
Será que se pelean porque no tienen con quien hacerlo enfrente. Bien no les hace, creo yo, pero, más que lo que pueda ocurrir entre la señora Aguirre y el señor Gallardón, me preocupa mucho más lo que pasa en mi partido. Las últimas encuestas son muy malas y decepcionantes. Habría que intentar inyectar en nuestras filas algo más de optimismo para intentar convencer a la gente. La política, antes que cualquier otra cosa, es el convencimiento.
Es alto, joven y ha sido un buen alcalde. Le deseo lo mejor, pero no le ha tocado en suerte el mejor momento para dejar de fumar, como dicen. La situación es dura para el PSOE.
El mal está dentro, es un partido ensimismado y endogámico y, mientras no se salga de ahí, será difícil conseguir éxitos en campo abierto.
Hay muchísima gente. Mucha se ha retirado. Cuando llegaron los amigos de Zapatero diciendo que nos jubiláramos, muchos dijeron "ah, estupendo". Yo no soy de esos, pero entiendo que haya gente que ha tomado las de Villadiego. Por otro lado, creo que hay un cierto desprecio por los valores constitucionales más elementales. Respecto a la selección de personal, la Constitución es muy clara, dice que hay que valorar el mérito y la capacidad. El mérito es lo que se ha hecho en la vida y la capacidad, el talento. Hay que valorar esas cosas y no se está por la labor. ¿Dónde están los mecanismos de selección que utiliza el señor Zapatero? Ve uno a los ministros y ministras y se pregunta cómo se ha seleccionado eso. Dentro del partido, ese efecto está muy extendido.
No voy a dar nombres, algunos me gustan porque son amigos míos.
Dijo bien, estoy de acuerdo. Hay que ejercerla y yo la ejerzo, pero últimamente no abunda y sí el silencio y el aplauso.
Pues sí, qué remedio. Tengo la obligación.
¿Qué debe hacer para mantenerse en La Moncloa al menos hasta ese año?
No hace falta ser muy lince para saber que su mayor problema lo tiene en el Instituto Nacional de Estadística, que publica datos todos los días y no son buenos. Hay que cambiar los datos y no cambiando al director, sino cambiando la realidad.
Vengo haciendo críticas desde hace ya tiempo y el tiempo me está dando la razón, lo cual es un triste consuelo.
Seguramente, pero yo no me he movido de mi lugar. Lo veo lógico, es el juego. A lo que no estoy dispuesto es a estar callado para que no se aprovechen de mí.
No tengo nada concreto en mente, dudo entre escribir unos relatos o una novela. Estoy sobrevolando y hasta que no coja el cuaderno prefiero no adelantar nada.
No hago otra cosa que leer, desde unos cuentos que han editado de gente norteamericana que desconocía absolutamente -unos me están gustando y otros no tanto-, a versos de René Char, poeta francés, en una buena edición de Galaxia Gutenberg. También estoy con Nabokov, con los cuentos completos, y da envidia. Escribe en un idioma que no es el suyo de nacimiento y es gracioso porque a Nabokov no le gustaba nada 'El Quijote'. Daba clases en una universidad americana y ponía a Cervantes fatal.
No me pienso jubilar, me moriré aquí o donde me pongan. Pienso que, antes de entrar a discutir la edad de jubilación, podría hacerse una cosa muy sencilla que es quitar la obligatoriedad de jubilarse. Me parece muy sano, pero hay otra gente, como yo, que no ve por qué tiene que jubilarse. Oiga, quite esa norma.
Me gusta la vida tranquila, como a cualquiera, pero no me veo jubilado, levantándome tarde, yendo a la obra a ver cómo trabajan los obreros. Me va más escribir, trabajar. Eso es lo que haré.

domingo, 17 de enero de 2010
Leguina: 'Luz crepuscular'
Pero su memoria novelada se asoma a este arranque editorial del año como «la crónica sentimental de una generación. Sus amores y sus desengaños, donde late la añoranza de la luz de los veranos juveniles y el dolor del regreso al pasado». Realidad y ficción conviven así en 'La luz crepuscular', un testimonio que se declara «político, moral, histórico y, sobre todo, humano», en el que Joaquín Leguina habla de «justicia, libertad, pasión y amor en una historia marcada por la memoria personal y la colectiva». jueves, 3 de diciembre de 2009
Joaquín Leguina opina sobre el editorial en apoyo del nuevo Estatuto de Cataluña
La plaga de la demagogia no es de ayer. Ya Pericles tuvo que soportarla, para desgracia de los atenienses, y es ese mismo virus el que infecta hoy en España el debate en torno a la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) –tan esperada- acerca de los recursos de inconstitucionalidad presentados en su día contra el nuevo Estatuto de Cataluña. Un texto que nunca gozó de consenso (uno de esos recursos está presentado por el PP) ni en el Parlamento catalán ni en las Cortes. Un texto siempre conflictivo que fue aprobado en referéndum con un porcentaje de síes respecto al censo, simplemente, ridículo. Así que menos lobos.
En cuanto al fondo del asunto, conviene ser claro: al TC no se le pregunta si una norma jurídica es constitucional o no lo es. Lo que se le pregunta es si ese texto posee la legitimidad constitucional que lo convierte en norma jurídica o no la tiene. Porque cuando una disposición de cualquier Parlamento –con o sin referéndum- se sale del cauce constitucional, carece de legitimidad y no pasa de ser una mera apariencia de derecho… y eso, precisamente eso, es lo que le pasa al nuevo Estatuto en asuntos tales como la obligatoriedad de la lengua catalana, obligación que es claramente inconstitucional, tal y como dejó ya meridianamente claro el TC en una sentencia sobre idéntico tema, sentencia de la que fue ponente Francisco Tomás y Valiente.
La guinda de este pastel de chantajes y amenazas contra el TC la han puesto, por ahora, doce periódicos catalanes publicando el mismo editorial. Un texto tan amenazador como mentiroso que sólo deja clara una cosa: el pluralismo político corre un serio peligro en Cataluña.
¿Y qué va a ocurrir si el TC echa abajo (como es su obligación) algunas partes significativas del mentado Estatuto?
Los políticos catalanes destilarán unas gotas más de victimismo, única fuente nutricia del catalanismo y del nacionalismo allí coligados… y como escribió Cervantes, “caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Nada.
martes, 3 de noviembre de 2009
La Cataluña "eterna": Leguina critica el caso "Millet"
Félix Millet, el “ciudadano que nos honra”, recibió en 2008 este título en presencia de las autoridades catalanas y del Ministro de Cultura y, apenas un año después, se ve ante la Justicia por haber “levantado” del Palau de la Música entre 20 y 30 millones de euros. Pero, claro está, un señor a quien también se le otorgó la “Creu de Sant Jordi” (Pujol) y la llave de Barcelona (Maragall) no puede ser tratado como un vulgar ladrón de gallinas. Quizá por eso el juez instructor, Juli Solaz, no ha visto indicios de malversación y ha decidido dejarlo libre con cargos, pero sin fianza. Y yo me pregunto: ¿dónde tendrá los ojos este lince?
miércoles, 28 de mayo de 2008
EL VIRUS IDENTITARIO
El problema de ese virus es que es muy difícil de eliminar, ya que está protegido y amparado por el entorno propicio que le rodea; un entorno de silencio, de complicidades, de miradas temerosas, de consentimiento tácito, de miedo en definitiva. Un ambiente enrarecido, que se nutre de un peligroso caldo de cultivo, de mentiras, de odio, de victimismo, de manipulación y falsificaciones de la Historia.
EL VIRUS IDENTITARIO
“Estaban armados, pero no opusieron resistencia”, decía la nota de la Gendarmería francesa en Burdeos. Eso les define: desprecian la vida de los demás tanto como aprecian la propia. Los heroicos gudaris siempre tiran las armas ante gente armada.
A Francisco Javier López Peña, nacido en 1958, le sobran kilos y debiera cuidarse, pues ese rostro mofletudo y gritón anuncia algún trastorno coronario, pero tendrá tiempo de hacerlo durante los años de cárcel que le esperan a este maketo reconvertido en gudari. El médico del penal impedirá que se atiborre de chiquitos y de villagodios.
Porque Paco López Peña es el jefe de los etarras y desde muy joven ha estado sin pegar un palo al agua viviendo de la extorsión y del atraco hasta llegar al más alto rango del escalafón criminal…
¿Dónde cogió el joven López este virus identitario que le ha convertido en lo que hoy es: un asesino? En alguna taberna, eso seguro, y escuchando cantos raciales o aplaudiendo los goles del Athleti… porque esas cosas no se aprenden leyendo a Kant. Un virus que es mortal, mas -a diferencia de los otros- no pone en peligro la vida de quien sufre la infección, sino la de los demás.
El gran definidor de la identidad euskaldún, es decir, don Sabino Arana Goiri, jamás hubiera admitido entre los suyos a quien no calzara –por lo menos- dieciséis apellidos vascos… y este López Peña –me parece a mí- no tiene entre sus ancestros a un Urrutxurtu que llevarse a la boca. Es obvio que ha sido presa de un proceso perverso llamado hiperintegración, que consiste en identificarse con “el pueblo” de acogida hasta el punto de negar las propias raíces. Los maketos que se meten en ETA o los charnegos que se niegan a hablar el castellano en Barcelona son ejemplos del mismo síndrome… y este Paco López es su más tarado y repulsivo representante."





