Frases para ciudadanos:

"Todos hemos nacido iguales, y los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados". (J.F. Kennedy).

"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
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lunes, 15 de marzo de 2010

Iñaki Ezkerra: 'El Indico y Verne'

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(La Razón).- Estamos todo el día hablando en España de la necesidad de reducir el gasto público para afrontar la crisis y, sin embargo, el Índico nos está saliendo más caro a los españoles que un hijo progre. Ayer el atunero «Txori Argi» logró repeler el asalto de los piratas que andan por ese pintoresco océano, pero estuvimos a punto de tener otro episodio por entregas de «Los hijos del capitán Grant», la inolvidable novela de Verne.

En tiempos de Verne si el capitán Grant naufragaba eran sus hijos los que tenían que montarse una expedición a Australia para rescatarle. No se había inventado el paternalismo de Estado ni tampoco lo demandaban los medios de comunicación, todavía incipientes. Ahora «Los hijos del capitán Grant» han conocido una versión moderna en la que intervienen desde los ministros de Exteriores y Defensa hasta los partidos políticos y que acaba siempre con que el Gobierno extiende un cheque a los secuestradores.

Ahora los nativos que secuestran al capitán Grant se las saben todas. Tienen armas sofisticadas, tele en color y bufetes de abogados en Madrid o en Londres. Tienen esos nativos una cuenta en Suiza a poco que te descuides. Lo tienen todo tan organizado que cunde la sospecha de que no están solos y de que detrás hay una mano occidental. Igual el verdadero pirata del Índico es nuestro vecino y no lo sabemos.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Iñaki Ezkerra: '¿Y aplaudir a Zapatero?

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¿Podría la psicología inversa funcionar con Zapatero? Nuestro amigo Iñaki Ezkerra analiza esta posibilidad en su artículo de hoy en La Razón.

Viendo el rebote que se ha pillado el Gobierno por las aplazadas y moderadas críticas que le ha hecho el PP en relación con la chapuza del «Alakrana», me he acordado de un cura del colegio que solía contarnos el terrible castigo que ideó su padre para una ocasión en la que sacó muy malas notas. En vez de dejarle sin cine o sin postre, no se le ocurrió otra cosa al buen hombre que regalarle la bicicleta soñada y felicitarle delante de todos sus hermanos por el alto número de suspensos conseguidos. El educador de mi infancia contaba que, aunque incruento, aquél fue el mayor golpe a su orgullo que ha recibido en su vida y que le dolió más que si le hubiera dado su progenitor una paliza. Tanta vergüenza pasó al coger la bicicleta mientras oía los aplausos de su familia que nunca más volvió a tener un solo suspenso y, a partir de aquel instante, su obsesión fue hacerse merecedor de ese humillante regalo.


Uno baraja seriamente la posibilidad de hacerle un homenaje nacional a Zapatero, a Chacón, a Moratinos, a De la Vega… Pienso en un escarnio consistente en leer ante ellos unos emotivos discursos de reconocimiento y felicitación por lo maravilloso que ha sido tirarnos un montón de semanas viendo cómo se tambaleaba nuestro sistema judicial ante el pirata Willy, cómo éste anunciaba su conmovedora boda y hasta el pago de la entrada en el pisito con el dinero ganado honradamente en el chantaje; cómo el Gobierno pagaba ese dinero o –más grave todavía– cómo hacía el indigno e innecesario papel de mediador en el mismo para salvar la imagen y el buen nombre de los armadores porque, como bien se sabe y dicta el sentido del Estado, la imagen y la dignidad nacionales dan absolutamente igual. Aquí lo que importa es que los armadores queden intactos; que no se sepa ni quiénes son; que ni se les cite; que no reciban ni la más leve crítica por hacer negocio enviando a unos pescadores a las aguas más peligrosas del planeta. Aquí lo que hay que hacer es pagarles entre todos, entre el Gobierno de Zapatero y el de López, la protección, y poner la Marina española a su servicio para que sigan moviendo sus «atuneros acorazados» fuera de todas las zonas de seguridad. Uno propone un homenaje al Gobierno, sí, en el que se le reconozca la habilidad para meterse en el callejón sin salida de esa negociación anunciada a bombo y platillo que les ha hecho sentirse importantes a cuatro chorizos del Índico y les ha dado rango de Estado. Un homenaje que valore este episodio en su justa medida, no como un error sino como lo que es: la apoteosis política del zapaterismo y la consecuencia coherente de una «ideología» que se estrenó en el poder cuando otros cuatro desgarramantas iletrados decidieron cambiar el destino de España con unos cartuchos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Iñaki Ezkerra: 'Responsables'

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El Gobierno dice creer haber actuado ejemplarmente en la chapuza del 'Alakrana'. El Gobierno les pone tales caras de rabia a las aplazadas y tímidas críticas de la Oposición que cualquiera diría que lo están degollando y que con él se está cometiendo una injusticia sin precedentes. Cualquiera diría eso, sí, de no ser porque los hechos hablan solos. Y los hechos son un Poder Judicial tambaleado, un Ejecutivo en entredicho porque si no ha pagado el chantaje ha hecho algo peor como actuar de mediador en el mismo, un país chuleado por un tal Willy que tan pronto es menor de edad y 'mocito' como va a contraer matrimonio con la pasta robada por sus amigos, un país humillado por una impresentable negociación por la que -según se nos asegura como si se tratara de un logro- ya no serán más atacados nuestros pesqueros en el futuro (¿los de otras nacionalidades sí puede ser atacados?, ¿eso hemos negociado?), una dignidad nacional por los suelos, un Estado de Derecho doblegado a bombo y platillo mediáticos por cuatro desgarramantas del Índico...

El Gobierno no se siente responsable de nada y eso es lo que resulta más inquietante, ese alarde de desconocimiento de la realidad que trasciende del propio caso del pesquero vasco secuestrado. No es que el Gobierno se esté defendiendo. No es que se esté justificando o explicando siquiera. Es que piensa que ha obrado con ejemplaridad. El caso 'Alakrana' es grave por sí mismo y por lo que tiene de precedente. A partir de esa ausencia de responsabilidad expresa queda negada toda posibilidad ética para cualquier cuestión. A mí todo esto me hace pensar en Weber y en su 'ética de la responsabilidad', en esa celebrada expresión que siempre me pareció una pedante redundancia. ¿Qué ética no es, por pura definición, de la responsabilidad? ¿No son ambas palabras sinónimas? ¿Es posible una ética de la irresponsabilidad, la impunidad y la inconsciencia o no son más bien éstos términos antónimos del propio concepto de moral? Quien no se siente responsable de nada mal puede tener un comportamiento ético. Podrá, en todo caso, obrar correctamente pero por azar, ignorante de que lo está haciendo bien. Obrará, en fin, 'amoralmente' aun cuando coincida su conducta con lo moral. Y es que son sólo la consciencia y la conciencia las que dan coloración y sustancia y sentido 'éticos' a nuestros actos.

No sería éste el caso del Gobierno español y de la crisis del 'Alakrana'. Aquí no han coincidido la inconsciencia y el acto afortunado, acorde con la ética, sino la irresponsabilidad con el consecuente desafuero.

(Publicado en EL CORREO DIGITAL)