Frases para ciudadanos:

"Todos hemos nacido iguales, y los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados". (J.F. Kennedy).

"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
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jueves, 19 de noviembre de 2009

Cientos de familias griegas visitan el 'Zamná'

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(El Quintanarroense).- Tal como sucedió en todos los puertos donde llegó el “Zamná”, los tripulantes de este histórico trimarán han recibido con gratitud a las cientos de familias griegas que con emoción visitan el barco, así como a las autoridades de la alcaldía de Atenas; el embajador de España en Grecia; Miguel Fuentes y el agregado de defensa en la embajada española, Joaquín Yáñez.

Después de que el pasado sábado 14 de noviembre, el Zamná arribara al puerto de El Pireo, Grecia, ya suman miles los griegos que han visitado el barco que zarpó de las cristalinas aguas de la Isla de las Golondrinas el pasado 26 de Agosto, llevando un mensaje de paz a cada uno de los puertos que visitó durante los dos meses que duró la travesía “El niño, la mar, la paz y Cozumel”.

Todas y cada una de las personas que han visitado el barco, han tenido la oportunidad de convivir con el niño mensajero de la Paz, Juan Pablo Tec Chim, que desde su llegada al Pireo, fue bien recibido por los niños griegos a quienes les ha entregado cartas que escribieron los infantes cozumeleños, “Me siento muy contento de estar acá con ustedes, sobre todo de cumplir con tan importante misión que es promover la paz en el mundo”, dijo el embajador de la Paz.

Juan Pablo, ha compartido la experiencia que le ha dejado ser mensajero de la paz. A lo largo de los tres días que ha permanecido el “Zamná” en el puerto de El Pireo, familias enteras y autoridades de Atenas ya conocieron el barco que salió de la “Isla de la Paz”, y que muy pronto llegará a Cozumel para culminar este gran proyecto que está llegando a su fin.

“Es una embarcación muy bonita, sabemos que esta elaborada por carpinteros mexicanos”, fueron las palabra que una ciudadana expresó al subir al barco en compañía de sus hijos y amigos, comentó la Secretaria General del Ayuntamiento de Cozumel, Lilia Mendoza González, quien en nombre del Presidente Municipal, Juan Carlos González Hernández, agradeció la hospitalidad de los griegos y a las autoridades de aquel país que participarán en diversas actividades en las que estará presente toda la tripulación del Zamná.

domingo, 25 de octubre de 2009

Rumbo a un imposible (relato del paso del Zamná por Cádiz)

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El 'Zamná' llegó a Cádiz en su vuelta al mundo por la paz al mando del navegante y aventurero Vital Alsar

25.10.09 - FRANCISCO APAOLAZA - La Voz Digital

Muelle de Cádiz, a bordo del Zamná. Tiene el pelo blanco, las manos fuertes y la piel curtida del viejo pescador de Heminway. Habla con el acento de cien puertos, el tono de voz de un general y el verbo de un caballero distinguido. Y una tortícolis propia de sus 75 años. Vital Alsar (Santander, 1933) es un hombre de empresas difíciles. Ha sido soldado de la Legión Extranjera, náufrago y balsero desde Guayaquil a Australia, ha seguido la ruta de Francisco Orellana, ha construido tres galeones, remado por entre las miasmas Amazonas abajo y partido en dos el Altántico hasta Santander, ha rehecho la hazaña de la Marigalante... No es sólo cuestión de que a unos les dé por la oficina y a otros como él por vivir sobre la espuma de leche de una ola de seis metros... Es que Vital Alsar (Santander, 1933) se ha propuesto desde hace 40 años sembrar la paz en el mundo con sus viajes. El último, a bordo del Zamná, un barco artesanal hecho con 14 maneras tropicales que recaló en el muelle de Cádiz la semana pasada dentro de su misión El niño, el mar, la paz, una travesía que los lleva desde Cozumel (México) hasta El Pireo (Grecia).

Venía de Palos y el jueves zarpó hacia Valencia. En su ruta, más de treinta puertos, diez países con nueve lenguas distintas y el mensaje casi esotérico de un renacer de la paz mediante la unión de la cultura maya y la griega, «dos pueblos maravillosos», pacíficos dentro de lo que cabe.

Con la que está cayendo en los informativos y en las páginas de Internacional de los periódicos, parece descabellado, puede ser, pero no inabarcable. Alsar lo demuestra en una de sus decenas de golosas anécdotas. Corría el año 1965 y se reunía con el editor de National Geographic. Le narró su expedición en balsa con un reto. «Le dije que íbamos a estar quinientos días embarcados sin discutir a bordo, sin una pelea». La respuesta: «Eso es imposible». Según el director de la revista, de cada 200 expediciones que le llegaban, solamente salía adelante una y en esa siempre había peleas a bordo. «Me dijo que en un medio tan austero, en esas condiciones, los hombres se hacen la guerra. Pusimos en el palo una bandera blanca y le demostré que no», narra el navegante. De ahí vino el título de su libro ¿Porqué imposible?, un alegato de las causas perdidas, como la que le trae a Cádiz. «Solamente necesitas una idea y luego debes remar a fondo toda tu vida hasta llegar a puerto. Rema, rema y rema... Lo conseguirás todo. ¡Seguro! La Fe es la barca y la voluntad de los hombres, los remos».

El capitán sabe que su batalla a las guerras está, de momento, descompensada, aunque no se rinde. «Nosotros vamos dejando cosas por ahí. No sé si son muchas o pocas. Si alguno las hace suyas, si llegamos a su conciencia, esto ya es un éxito», explica.

De momento, ya ha logrado algo. «Santander lloró con nuestra llegada», dice. ¿Cómo lo sabe? Alsar sabe que los marinos se hacen psicólogos en alta mar. «Tanto tiempo juntos, sabemos analizar a las personas y después de tantos días nos encontramos en tierra con gente de caras largas y blancas, con caras de angustia. La gente no está contenta, aunque se alegra de vernos».

Dentro de la nave se respira cierta armonía. Según el capitán, a bordo nadie blasfema. «A los mexicanos no les gusta. Y no hay necesidad. ¿Para qué decir una palabra más alta que puede generar problemas, si se puede decir caramba en lugar de carajo? Somos una tripulación unida. Yo cocino todos los días y estos comen como leones. Santiago es psicólogo de niños con problemas y sube el té en los cambios de guardia. Tenemos ingenieros, alpinistas del Everest (a estos les encanta estar subidos en los palos) y gentes de diversos mundos que tienen en común que son muy educados», cuenta a pocos metros del espejo de popa, en el que figura mirando a la estela del barco San Francisco de Asís, «el primer santo ecologista». Es el preferido del capitán y de la tripulación. Con la ayuda de los santos o del talante han evitado la tormenta de convivir 14 hombres y un niño en un barco de 33 metros.

El niño mensajero

El niño no es un grumete, ni un polizón, sino el protagonista de la historia. Juan Tec Chim tiene 13 años. Es de familia indígena, de padre pescador de Cozumel y en la tarde de la entrevista estaría patinando en su pueblo, si no fuera porque se ha embarcado en la aventura de su vida. Ahora juega al otro lado del mundo en la cubierta inferior de un curioso galeón. Su padre lo sigue por tierra, pero él navega con todos los demás, salvo a Nueva York, donde la nave participó en el homenaje a las víctimas del 11-S. No tenía visado. De todo esto, ha sacado más en claro que muchos de los niños de su edad. «¿Qué sé ahora que no sabía antes? Que hay que ser más humilde, que hay que ser solidario, porque, como en el barco, sin la ayuda de los demás, sin todos con todos, no funcionan las cosas». Juan es el verdadero embajador del barco, el que habla en los discursos de El niño, el mar, la paz.

Fuera hay amenaza de lluvia. Grandes bolas oscuras de nube cargadas de aguas pasan por encima de las gruas del muelle de Cádiz, amenazantes tras los cristales de un puente que tiene algo de totora y de cabaña de arbol decorada con motivos mayas. «Es el barco más extraño que he visto en mi vida», dice un curioso en el muelle. En resumen, el Zamná es una mezcla heterogénea entre uno de esos trimaranes modernos de carbono, un galeón del XVIII sin tanta popa, una balsa de polinesia y una nave de Tiro. Es ancho, bajo, con tres palos de maniobra simplificada, tres velas de cuchillo y dos cuadradas, una mayor y una gavia.

En la cubierta recibe la sonrisa de Santiago Villaverde, santanderino de 28 años, psicólogo infantil y marinero de este barco que lleva el nombre de Zamná, «uno de los padres de los mayas». El tripulante explica que la nave es una mezcla heterogénea de «muchas culturas marineras». Tiene la coraza de los fenicios en la proa, las barandas de los griegos, tres cabañas de la tradición balsera americana y los pontones que lo hacen una descomunal canoa de Polinesia. Remata el conjunto un mascarón de proa que es una paloma «agujereada, como la paz hoy». Una nave loca para una misión loca, diez toneladas de madera rumbo a la utopía.