Frases para ciudadanos:

"Todos hemos nacido iguales, y los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados". (J.F. Kennedy).

"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
Mostrando entradas con la etiqueta presidente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta presidente. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de enero de 2011

Carta al presidente del Gobierno

.

En la portada del diario digital Estrategias de Inversión se recoge hoy una carta al presidente del Gobierno, firmada por Miguel Freijo, analista, y al parecer simpatizante de Ciudadanos. Transcribimos aquí este interesante documento:

Estimado Sr. Zapatero,

Soy un ciudadano español que vive con gran preocupación e interés, la difícil situación de nuestro país en estos momentos.

Con esta carta no pretendo criticar su gestión en el gobierno durante los últimos siete años. En absoluto. Mi intención es otra bien distinta: proponer alguna solución para mejorar nuestra economía. Reconozco que durante su legislatura hay muchas cosas que no me han gustado. También reconozco que nunca he votado a su partido; uno sigue de cerca, y con mucha ilusión el proyecto de Ciudadanos. Pero creo que en estos momentos las críticas no sirven de nada, más aún, cuando la mayoría de ellas vienen de sectores que lo que manifiestan es un inconformismo porque su gestión al frente del gobierno ha perjudicado sus propios intereses. Son muchos los que protestan y pocos los que buscamos soluciones. De esos pocos, aún somos menos los que buscamos el interés general a través de nuestras propuestas, (no representamos a nada ni a nadie y colaboramos en redacciones independientes como Ei) así que escúcheme con atención porque tenemos poco tiempo.

Lo primero que quiero plantearle es que abra los ojos a la realidad, mejor dicho, a su realidad, a la que a usted le rodea. Le voy a dar dos datos: primero, las últimas encuestas de intención de voto le colocan fuera de la Moncloa, es decir, ha perdido la confianza de muchos votantes que le apoyaron en las últimas elecciones. Segundo, el próximo año, tendremos nuevas elecciones generales. Conclusión: tiene muy poco que perder y mucho, mucho que ganar. Le diré más, si pone en marcha mis propuestas, le puedo asegurar que usted pasará a la historia como el presidente que sentó las bases de la recuperación económica en España.

Pasemos a identificar cuál es nuestro objetivo. Creo que está claro: hacer que los mercados financieros globales vuelvan a apostar por nuestro país. Que nos entre dinero vaya (cada vez odio más los tecnicismos económicos). De todos los cambios que podemos hacer en nuestro país para mejorar esta situación, me voy a quedar con dos: a) arreglar el problema del sector financiero/construcción (es el mismo); y b) reducir todo lo posible la tasa de desempleo.

Ya le adelanto que mi planteamiento es tan sencillo como atrevido.

Sistema financiero/Sector construcción

Desde que estalló la crisis subprime en EEUU a mediados de 2007, el BCE ha hecho todo lo posible y lo imposible para “amortiguar” los temidos efectos que la misma podría tener sobre la economía de la eurozona. Ya en agosto de ese mismo año comenzaron las históricas “inyecciones de liquidez” al sistema por parte del BCE. Esas ayudas tranquilizaron algo los mercados, pero fueron insuficientes.

Pasados unos meses, tocaba bajar los tipos oficiales para animar la liquidez del sistema. En ese 2007 el tipo oficial del euro se situaba en el 4%, a mediados del 2009 ya estaba en el 1%.

¿Cuál ha sido el problema en nuestro país? Que dicha liquidez no ha llegado a la economía real. Se ha quedado en el sistema financiero. ¿Por qué? ¿Por qué tienen tanto problema las empresas y familias para acceder a esta financiación? Si hemos inyectado cientos de miles de millones de euros en el sistema, hemos bajado los tipos hasta el 1%... ¿qué ocurre? Pues ya lo sabemos todos, que ahora lo que existe es una crisis de “confianza”. ("Los spreads sobre el euribor siguen muy altos" que dirían algunos).

Venga, vamos acotando el problema. Entonces nos encontramos en un punto en el que los bancos y cajas no se fían de nosotros a la hora de conceder créditos y préstamos. ¿Pero acaso nos fiamos nosotros de los bancos y cajas? Señor Zapatero, en esta partida de mus, ha llegado el momento de “poner las cartas boca arriba”. Yo ciudadano te muestro a ti banco cuál es mi situación financiera y tú banco nos muestras a todos los ciudadanos cuál es la tuya. Pero queremos saber la verdad, queremos conocer tu balance sin trampas contables.

Con la nueva normativa del Banco de España, emitida en la Circular 3/2010 de 29 de junio y en vigor desde el 30 de septiembre se pretende (en palabras del subgobernador del BE, Javier Ariztegui) “perseguir que los activos inmobiliarios de los bancos y cajas estén valorados a precios próximos al mercado”.

Lo que significa que se acabaron las chapuzas contables que permitían valorar una vivienda a precios del 2006 (o al precio que más le convenía a los bancos), es decir, muy por encima de su precio real de mercado en estos momentos. Un mercado en el que apenas existen transacciones a día de hoy.

Las consecuencias de esta nueva medida no se han hecho esperar: la semana pasada conocimos que muchos bancos extranjeros ya se están quitando de encima todo el ladrillo que tienen en cartera con descuentos importantes. (En concreto Credit Suisse ha vendido una parte de su cartera de deuda inmobiliaria europea con un descuento del 60%).

Esta es la línea a seguir, se lo garantizo. No puede dudar, hay que llegar hasta el final. Hasta que no mostremos al mundo las “vergüenzas” de nuestros bancos no habremos tocado fondo. Las consecuencias pueden ser terribles, fíjese hasta qué punto que “The Economist” señala que los créditos a promotores en nuestro país suponen el 31% de nuestro PIB.

Lo que esto quiere decir es que hay muchas probabilidades de que la nueva normativa del Banco de España, aplicada con rigor y sin contemplaciones, provoque la quiebra de algún banco o caja español. Ya le dije que no sería fácil pero me temo que a estas alturas no hay otra solución. El hecho de que algún banco español llegue a quebrar supondrá que realmente hemos tocado fondo. La vida seguirá y el sol volverá a salir... e iluminará un país más limpio. Torres más altas han caído… Una se llamaba Lehman Brothers y otra Bear Stearns… ¿Sabe que desde esos momentos (septiembre 2008) el Dow Jones ha subido un 8% y el S&P un 8.5%? Fue un momento muy duro para el sector financiero norteamericano y para las bolsas, que vivieron jornadas de fuertes caídas durante las semanas siguientes. Pero fue el inicio de la recuperación de EEUU.

Hasta que no hagamos “limpieza” en nuestros bancos, no sabremos realmente en qué situación se encuentra nuestro sistema financiero. Y mientras los inversores internacionales sigan con esta incertidumbre no se fijarán en nosotros. Se acabaron los parches, veamos cuál es el alcance de la herida y así podremos establecer un punto de partida para curarla.

Ni su gobierno ni los españoles tenemos la culpa de los excesos cometidos por el sector financiero durante tantos años. Fueron ellos los que no midieron las consecuencias de sus estrategias comerciales. Cuando yo me equivoco con una inversión no busco el respaldo ni la ayuda del gobierno, asumo mi propio error. Pues lo mismo debiera aplicarse con nuestros bancos.

Pero no quedará ahí la cosa. El hecho de que los bancos se vean obligados a deshacerse de estos activos inmobiliarios provocará una fuerte caída de los precios de las viviendas (también un incremento en el número de transacciones). Los constructores e inmobiliarias verán cómo los bancos pondrán en el mercado su mismo producto con descuentos del 25%, 30% o incluso hasta el 40%. Como se puede imaginar, no les causará ninguna gracia. Pero aquí tiene usted argumentos más que de sobra para defenderse. Tanto su gobierno, como el anterior del señor Aznar, ha estado financiando los beneficios de todas las constructoras en España a través del famoso “ahorro vivienda”. Toda una generación de jóvenes se ha visto privada de una vivienda por los excesos de un mercado del que se han beneficiado muchos constructores en este país. ¿Que ahora no hay demanda? Claro que la hay! Pero no a los precios que les interesan a ellos.

No dude señor Zapatero. Para empezar a arreglar los problemas de este país, lo primero es saber desde dónde arrancamos.

Mercado laboral

Aquí, por lo menos, ya sabemos de donde partimos: 4.5 millones de desempleados, lo que supone más del 20% de la población activa.

Le propongo que reflexione sobre el siguiente dato que le voy a dar. EEUU, con un mercado laboral infinitamente más flexible que el nuestro, posee en la actualidad una tasa de desempleo del 9.4%. Durante los últimos días hemos conocido muy buenos datos respecto a la economía norteamericana: en concreto su PIB registró durante el tercer trimestre de 2010 un incremento del 2.6%. Recordemos los incrementos anteriores: Sep-Dic 09’ +5.6%, Ene-Mar 10’ +3.7% y Abr-Jun 10’ +1.7%. En su última comparecencia, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, estima un crecimiento para la economía de EEUU de entre el 3% y 4% para este 2011.

Con todos estos datos en la mano Bernanke, considera que, a pesar de todo “este crecimiento será insuficiente para lograr una bajada sustancial de la tasa de desempleo”. El propio presidente de EEUU coincide en este punto. ¿Se da cuenta de la gravedad del asunto?

Sé que durante estos días se están llevando a cabo importantes reuniones entre patronal y sindicatos para que el próximo 28 de enero su gobierno presente la reforma de pensiones. Problema que justamente surge como consecuencia del alto nivel de desempleo. Señor Zapatero, tiene ante usted dos grupos. Unos que defienden los intereses de los empresarios (y favorecen la creación de empleo) y otros que, en principio, pretenden defender los intereses de los trabajadores, pero que en realidad, perjudican y entorpecen la creación de puestos de trabajo en este país. De nuevo estamos ante una difícil y radical solución, pero usted tiene la obligación de estudiar y poner en marcha todas aquellas propuestas que favorezcan la creación de empleo, gusten más o menos.

Además tenga en cuenta que en estos momentos existe una gran presión social sobre todos aquellos colectivos que toman el camino de la “huelga”: recuerde el fracaso de la huelga general o el rechazo social que hubo contra los trabajadores del metro de Madrid o los propios controladores aéreos. Los españoles, más que nunca, quieren trabajar. Y los que no encuentran trabajo en España emigran. Se tenga un mayor o menor conocimiento de economía, cada uno de nosotros intuye que ante una situación tan grave como la actual, uno de los caminos que nos pueden ayudar a salir de esta crisis es el trabajo.

Dar prioridad a las propuestas de la patronal será muy duro y tendrá consecuencias sociales muy negativas. Muchos empresarios carentes de sensibilidad, se valdrán de estas propuestas para “explotar” a muchos trabajadores. (Y es responsabilidad de toda la sociedad y de su gobierno que esto nunca ocurra). Seguramente la tasa de desempleo se elevará en el corto plazo (merced al despido gratuito). Pero todo esto será un mal menor. La puesta en marcha de estas medidas creará empleo… Quizá no en las condiciones más adecuadas para el trabajador en el corto plazo; pero se trata de reactivar el mercado laboral, de incrementar el número de cotizantes, para así aumentar los ingresos públicos, reducir el déficit, y… sí… mejorar nuestra imagen exterior para atraer la atención de los mercados financieros.

Consecuencias

Una “limpieza” de nuestros bancos y un mercado laboral mucho más flexible supondrá mejorar la imagen de nuestro país en el exterior. Nos permitirá por un lado financiarnos a un menor coste y por otro lado incrementar los ingresos públicos, por lo que podremos reducir nuestro déficit con mayor rapidez.

Dentro de España tendremos un mayor número de ciudadanos trabajando y un mayor acceso de los jóvenes (y menos jóvenes) a la vivienda (los precios habrán caído un 30%-40%).

Usted pasará a la historia como aquel presidente que puso en marcha un “duro plan de emergencia” que posibilitó la reactivación de la economía española, y... quien sabe si podría volver a ganar las elecciones…

Reciba un cordial saludo,

Miguel Freijo

Puede contactar con el autor del artículo en: mfreijo@estrategiasdeinversion.com

Twitter: @migfreijo

viernes, 29 de enero de 2010

29 de enero de 1981 (por Quique Gordaliza)

.
Tal día como hoy, hace 29 años, se produjo un hecho insólito en la historia de nuestra democracia, que NUNCA MÁS se ha producido: la dimisión de un presidente del Gobierno. Las palabras de Adolfo Suárez, leídas hoy, y tras ver todo lo que ha pasado en España en estos casi 30 años, dan mucho que pensar.

Mi amigo Quique Gordaliza, con quien comparto la admiración y respeto por la figura de Suárez, ha publicado hoy este artículo en su blog, que a continuación transcribo:


Este veintinueve de enero, como todos desde hace casi treinta años, se proyectará en mi memoria la imagen de un Adolfo Suárez vencido y, sobre todo, cansado. Este año, además, añadiré el recuerdo de mi madre. Ahora que, esté donde esté, ya no tiene miedo a militares, fascistas y dictadores puedo escribir sobre aquella tarde. En mi cabeza se solapan las diapositivas en blanco y negro de un presidente profundamente triste con las instantáneas en color de una mujer asustada, que miraba la televisión sin querer creer lo que veía.

“¿Y ahora qué va a pasar, hijo?” me preguntó mientras Suárez decía que se iba sin que nadie se lo pidiera. Tenía miedo, supongo que el mismo que la mayoría de aquellos españoles que vivieron la guerra civil. Pocas veces volví a ver en mi madre un gesto tan preocupado. El fantasma del dictador seguía ahí, jodiendo como siempre…

Mi optimismo juvenil era más fuerte que aquellas historias sobre la guerra, sobre el hambre, sobre la puñetera dictadura. “No te preocupes, mamá. Esto es normal en democracia, ahora se elige otro presidente y ya está solucionado todo” así intenté tranquilizarla, como si yo supiera mucho del tema. “Tú no te metas en política, hijo –¡cuántas veces me lo dijo!- que se puede armar gorda.”. Pobre mujer, qué vida más dura por una puta guerra… pero sobre esto hablaré otro día.

Aquella noche no durmió, mi padre tampoco, como muchos españoles. Afortunadamente hubo una generación de demócratas vocacionales que consiguió que desapareciera el miedo y volviera la libertad.

Y ahora lo de todos los años… aquí transcribo el discurso de dimisión de Adolfo Suárez. Que cada cual saque sus conclusiones.

29 de enero de 1981 sobre las 19.30 Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno español presenta su dimisión:

“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad. Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.

Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.

No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.

Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.

No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos la que somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada.

He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo ce los últimos 150 años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.

Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustraciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista, y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que le produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones.Quizá los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier tipo de solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente, pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.

Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.

Yo, por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.

Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartamos de las metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.

Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.

Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante.Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.

Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en tomo a las ideas, a las instituciones y a las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.

Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado. Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo».

Gracias a ti, Presidente.