Frases para ciudadanos:

"Todos hemos nacido iguales, y los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados". (J.F. Kennedy).

"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
Mostrando entradas con la etiqueta de la Vega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta de la Vega. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de diciembre de 2009

Iñaki Ezkerra: 'Mujer contra mujer'

.
(Publicado en LA RAZON)


Una de las pocas alegrías que a uno le ha reportado últimamente la calamitosa vida política de este país es ese enconado y genuino litigio personal que se trae desde hace tiempo, en el Congreso de Diputados, la veterana Teresa Fernández de la Vega con la «pobre» Soraya Sáenz de Santamaría. Es bonito, divertido y hasta subyugante –diría yo– el tipo de relación que hay entre esas dos mujeres, las caras de cabreo que la segunda consigue extraerle sistemáticamente a la primera, esos levantamientos de ceja y esas caídas de párpado de amargura profunda que se le ven a la Vice cuando la otra habla, esas impagables miradas de madrastrona… Confieso que me suelo llevar hasta la Coca-Cola y la bolsa de palomitas ante la tele para saborear esas escenas que me retrotraen a las películas de dibujos animados de mi niñez; para contemplar, sí, cómo se le afilan a la Fernández de la Vega los consumidos pómulos de mala de Walt Disney ante las críticas, las reprobaciones, la simple voz de la portavoz pepera y ante sus timbres o mohínes de Blancanieves marisabidilla.


Yo no sé si ese sector masoquista de la vieja derecha sociológica que tanto se queja de la presunta falta de garra en la actual derecha política se ha percatado del filón, del tesoro, de la gran mina a explotar que tiene en ese indisimulado y parlamentario «anti-idilio» del que hablo. Soraya tiene el don de sacarle a la Vice en el rostro todas las malas de la cinematografía infantil universal. Con sólo abrir la boca la convierte en la señorita Rotenmeyer y se convierte a sí misma, por efecto de rebote, en la encarnación de Heidi, lo que supone no ya una victoria dialéctica sino ideológica porque Heidi es la izquierda, como todo el mundo sabe. Quiero decir que Heidi representa esos valores que la izquierda pretende monopolizar eternamente en la demagogia del guiñol político en el que hasta la juventud, la inocencia y las mejillas rosadas se nos quieren presentar como rasgos progresistas. Soraya hace algo que no ha hecho antes nadie en la derecha española (ni siquiera Gallardón) y es invertir los papeles haciendo que su rival los pierda. Cuando uno ve a Heidi-Soraya luciendo sus pantalones vaqueros, su discursete bien preparado y su título de abogada del Estado ganado por oposición frente a una señora bien que fue una vez juez a dedo, que estrena ahora modelito diario y que pierde fácilmente la calma, se pregunta quién es aquí de las dos la pija. Soraya le ha tomado la medida a la Vice y ese numerito está animando una vida parlamentaria que es espantosamente aburrida desde la Transición y desde las soflamas estalinistas de Sarasqueta. Desde entonces todo se fue volviendo cada vez más gris y políticamente correcto. El éxito de Soraya reside en que es mujer y en que, como tal, puede hacer un discurso que, en otro caso, sería tachado, sin duda, de machista en nombre de ese feminismo mal entendido que no admite críticas y que rechaza precisamente el trato de igual a igual.

Mujer contra mujer… para cuestionar los tópicos políticamente correctos y casposos. Porque en ese duelo no está viendo uno a la niñata blanda y a la curtida socialista. Está viendo a una mujer joven que le saca de quicio a una mujer mayor acostumbrada a improvisar frente a rivales poco serios y que no se puede creer que ante esa chica no le valgan de pronto los viejos trucos.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Iñaki Ezkerra: '¿Y aplaudir a Zapatero?

.
¿Podría la psicología inversa funcionar con Zapatero? Nuestro amigo Iñaki Ezkerra analiza esta posibilidad en su artículo de hoy en La Razón.

Viendo el rebote que se ha pillado el Gobierno por las aplazadas y moderadas críticas que le ha hecho el PP en relación con la chapuza del «Alakrana», me he acordado de un cura del colegio que solía contarnos el terrible castigo que ideó su padre para una ocasión en la que sacó muy malas notas. En vez de dejarle sin cine o sin postre, no se le ocurrió otra cosa al buen hombre que regalarle la bicicleta soñada y felicitarle delante de todos sus hermanos por el alto número de suspensos conseguidos. El educador de mi infancia contaba que, aunque incruento, aquél fue el mayor golpe a su orgullo que ha recibido en su vida y que le dolió más que si le hubiera dado su progenitor una paliza. Tanta vergüenza pasó al coger la bicicleta mientras oía los aplausos de su familia que nunca más volvió a tener un solo suspenso y, a partir de aquel instante, su obsesión fue hacerse merecedor de ese humillante regalo.


Uno baraja seriamente la posibilidad de hacerle un homenaje nacional a Zapatero, a Chacón, a Moratinos, a De la Vega… Pienso en un escarnio consistente en leer ante ellos unos emotivos discursos de reconocimiento y felicitación por lo maravilloso que ha sido tirarnos un montón de semanas viendo cómo se tambaleaba nuestro sistema judicial ante el pirata Willy, cómo éste anunciaba su conmovedora boda y hasta el pago de la entrada en el pisito con el dinero ganado honradamente en el chantaje; cómo el Gobierno pagaba ese dinero o –más grave todavía– cómo hacía el indigno e innecesario papel de mediador en el mismo para salvar la imagen y el buen nombre de los armadores porque, como bien se sabe y dicta el sentido del Estado, la imagen y la dignidad nacionales dan absolutamente igual. Aquí lo que importa es que los armadores queden intactos; que no se sepa ni quiénes son; que ni se les cite; que no reciban ni la más leve crítica por hacer negocio enviando a unos pescadores a las aguas más peligrosas del planeta. Aquí lo que hay que hacer es pagarles entre todos, entre el Gobierno de Zapatero y el de López, la protección, y poner la Marina española a su servicio para que sigan moviendo sus «atuneros acorazados» fuera de todas las zonas de seguridad. Uno propone un homenaje al Gobierno, sí, en el que se le reconozca la habilidad para meterse en el callejón sin salida de esa negociación anunciada a bombo y platillo que les ha hecho sentirse importantes a cuatro chorizos del Índico y les ha dado rango de Estado. Un homenaje que valore este episodio en su justa medida, no como un error sino como lo que es: la apoteosis política del zapaterismo y la consecuencia coherente de una «ideología» que se estrenó en el poder cuando otros cuatro desgarramantas iletrados decidieron cambiar el destino de España con unos cartuchos.