Frases para ciudadanos:
"Nada hay más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo". (Victor Hugo)
domingo, 12 de junio de 2011
Amando de Miguel recomienda un libro excepcional: Desde Santurce a Bizancio (Jesús Laínz).
viernes, 14 de mayo de 2010
Amando de Miguel: "Leguina es socialista, yo tampoco"

Estamos realmente ante una prosopografía, esto es, una biografía de una generación de políticos e intelectuales. Lo sé muy bien porque yo mismo, metido ahora en escribir mis memorias, le doy ese mismo enfoque. El intento prosopográfico sería lo que, en la pintura clásica, corresponde a La escuela de Atenas de Rafael. Se trata de la representación de los sabios griegos. En este caso sería la escuela de Madrid, la de los universitarios antifranquistas. Aparecen también los catalanes y los vascos. Valga la extraña paradoja de que, en el mismo centro de "La Comercial" de Deusto, surgiera también el embrión de la ETA.
domingo, 11 de abril de 2010
Amando de Miguel: El liberalismo no es pecado

En el siglo XIX un mosén catalán escribió enfáticamente: “El liberalismo es pecado”. Entonces se llamaba liberalismo al anticlericalismo más vulgar. Se traducía en el chascarrillo de la época:
-Padre, ¿se pueden leer los periódicos liberales?
-Sí, hija, con tal de que sea sólo la sección financiera.
Por fortuna, esa época ya pasó, aunque, como decía el clásico, la Historia se repite como farsa. En el Gobierno actual hay una querencia por la política anticristiana a favor de la alianza de civilizaciones o del progresismo laicista. Pero, a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XIX, ese anticristianismo no se llama liberalismo, sino que precisamente va en contra del liberalismo económico. Para entender bien la nueva cruzada antiliberal, nada mejor que acercarse al nuevo libro de Carlos Rodríguez Braun (CRB), Panfletos liberales II (Editorial LID, 2010). La combinación más taimada de los nuevos antiliberales es combatir las dictaduras de derechas y condescender con las dictaduras de izquierdas. Lo hacen así porque consideran erróneamente que las dictaduras de derechas amparan el liberalismo económico.
El falso silogismo concluye que hay que combatir el liberalismo y realzar el socialismo, sea o no una dictadura. Frente a esa falacia está el sentido común de CRB, para quien todos los totalitarismos son antiliberales y, por tanto, son malos. La maldad debe extenderse a esa versión mitigada de los totalitarismos que son los autoritarismos. Lo común entre todas esas excrecencias es que abominan de la libertad. La razón es que, con más libertad, los gobernantes aparecerían como lo que son: mediocres, cuando no, malignos. Lo que más me gusta del estilo de CRB es su permanente disposición a llevar la contraria a las ideas canónicas, establecidas, sedicentemente progresistas. Su constante actitud de navegar contra el viento revela un alto espíritu deportivo. No otra cosa es su furibundo ataque al intervencionismo del Estado y su defensa de la libertad. Añado que tanto la libertad como el intervencionismo pueden equivocarse. Solo que, si la libertad se equivoca, cabe la ruina o la cárcel. Pero, si el intervencionismo se equivoca, sus defensores suelen ser ensalzados.
La Economía es una ciencia práctica que nos afecta a todos, no solo a los economistas o a los empresarios. Por eso mismo entiendo que todos debemos opinar sobre la crisis económica y su eventual salida. Entiendo que hay una causa principal de la crisis. Se trata de la notable disminución del espíritu de trabajo de la gente. Ese declive de la ética del esfuerzo es consonante con la causa estrictamente económica que señala CRB: la erosión de la libertad. En principio, el funcionario rinde menos que el trabajador privado. Todavía está más claro que en los regímenes totalitarios la productividad suele ser muy baja. El caso extremo es el de la productividad casi nula de los esclavos o de los trabajadores forzados. Sin llegar a tanto, no hay más que ver la baja productividad del reciente Plan E en España. Claro que la propaganda del régimen actual puede aducir que la escasa productividad significa creación de empleo. La salida de la crisis no equivale a crear empleos, sino a que los empleos sean realmente productivos.
Me gusta la lógica de los razonamientos de CRB. No utiliza muchas citas de autoridad y sí de refutación. Su esquema argumental es como sigue: Fulano de Tal es un distinguido economista o escritor que sostiene que A es A. Pues bien, A no es A, aunque lo parezca. Esa lógica de CRB es sencillamente la de la ciencia. Se trata de una planta tan delicada que sólo florece si es escasa la inversión pública en I+D+i. Reverdece allí donde es alto el esfuerzo en conocimiento.
A fuer de sociólogo, me sumo a la sospecha de CRB de que “lo social” es un disfraz para no reconocer “lo político”, en su peor sentido. En efecto, hay una acepción retorcida del adjetivo “político”. Es el caso de “familia política”, “política de avestruz” o “comisario político”. En inglés americano, la palabra “político” (escrita así, en español) es lo que aquí llamaríamos “mafioso”. En España “lo social” suele ser lo que se atribuye a los sindicatos subvencionados o a lo que supone bendecir el despilfarro del erario. Recuérdese que el erario siempre es público.
Añado un matiz a la tesis de CRB. Lo grave no es la tendencia constante a la subida de todo tipo de impuestos, tasas y multas. Ese ascenso no sería tan pesaroso si al menos se hubiera producido una mejora sustancial de los servicios públicos. Por ejemplo, si el Plan E hubiera sido sustituido por una verdadera mejora de las infraestructuras. O si se hubiese completado el plan de trasvases hidráulicos o de centrales nucleares. O si la Justicia fuera eficiente. En su lugar, lo que ha aumentado es el derroche del gasto público. Es decir, lo malo no es la subida de impuestos, sino el intervencionismo estatal que quita libertad y no da seguridad.
Amando de Miguel, catedrático emérito de Sociología.
domingo, 21 de marzo de 2010
Amando de Miguel: 'La economía de las lenguas en España'
No tiene mucho sentido económico que en España volvamos a la situación medieval en la que cada zona lingüística se encontraba prácticamente aislada de las demás.

(Libertad Digital).- Veamos ahora cómo se adapta la situación lingüística española al planteamiento de la escala de lenguas en el mundo. Digamos, primero, que en toda Europa lo normal es que haya varias lenguas en cada país. La excepción puede ser Portugal, donde, de forma natural, sólo existe un idioma (el mirandés es un dialecto poco significativo). Por fortuna, los europeos que hablan su propia lengua del tipo C (lenguas étnicas que se escriben) conocen normalmente otra del tipo B (lenguas de comunicación de zonas amplias) o A (lenguas de comunicación internacional). Por ejemplo, los irlandeses pueden conocer el gaélico, pero casi todos dominan el inglés.
En España la situación no es nada excepcional. Prácticamente todos los españoles entienden el castellano. Ese porcentaje es el más alto de toda la Historia. Sin embargo, hay ciertos movimientos nacionalistas que desearían desplazar el español por el idioma étnico correspondiente (catalán y variaciones, vascuence y gallego). Eso sería volver a épocas pasadas, pero ahora con la circunstancia de que, en los últimos decenios, el español ha pasado a ser una lengua tipo A. Concretamente, después del inglés (bien que a mucha distancia) la lengua más aprendida en el mundo fuera del hogar es el español. Esa pujanza, más que nada demográfica, se debe sobre todo al peso de los hispanohablantes americanos. Una gran ventaja del español (incluso en comparación con el inglés y no digamos con los del tipo B) es que las variaciones territoriales son mínimas.
Así pues, no tiene mucho sentido económico que en España volvamos a la situación medieval en la que cada zona lingüística se encontraba prácticamente aislada de las demás. Tampoco es muy hacedero que, en las regiones bilingües, se desplace el español a favor de la lengua del tipo C. Lo más económico es que todos los españoles fomenten el conocimiento del español como lengua de comunicación internacional. Esa decisión es compatible con el cultivo (al mismo tiempo) de la lengua tipo C, allí donde esté vigente.
Eso no es todo. La Unión Europea no podrá competir con otras grandes unidades económicas del mundo si no se pasa al dominio común del inglés como gran lengua de comunicación internacional. El sistema de un ejército de traductores en las oficinas de la Unión Europeas es un disparate. No se trata de imponer una solución artificial, sino de adaptarse a la tendencia ya instalada en una gran parte de Europa. En la práctica quiere esto decir que en las escuelas españolas se debe estudiar inglés como segunda lengua. El ser humano puede ser perfectamente bilingüe y hasta trilingüe. El objetivo natural es que, en cada centro de enseñanza superior en España puedan darse cursos regulares en inglés por profesores nacionales o extranjeros. De momento, estamos lejos de ese ideal, que ya es realidad en algunos países europeos que no tienen el inglés como lengua nacional. Es el caso eminente de los países nórdicos.
El argumento anterior quizá irrite a algunos nacionalistas catalanes, vascos, gallegos, etc. Pero los nacionalismos actuales deberían apoyarse en otros rasgos culturales que no son las lenguas. Bien está el valor cultural de las lenguas, pero por encima está el económico.
Amando de Miguel, sociólogo
