
Un 'tocahuivos' llamado Apalpador

Blog no oficial de Ciudadanos (C's) de Cantabria
Gracias a mi amigo Quique Gordaliza, he podido recuperar el famoso texto del Jefe Indio Noah Sealth que "inspiró" a Zapatero, publicado ayer en su blog "Rumbo al centro", y que reproducimos aquí, para disfrutarlo en su versión completa, y no en la adaptación zapateril.
CARTA DEL JEFE INDIO Noah Sealth
“¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos?Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.
Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.
Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservara un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atrás solo un desierto. No se, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.
No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿Para que sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento – la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una maquina humeante puede importar mas que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.
¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; Porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.
Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.
Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común.
Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminaran hacia su destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por que se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes.. ¿Donde esta el matorral? Destruido. ¿Donde esta el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.”
Se supone que la RAE está haciendo un permanente esfuerzo para adecuarse al tiempo presente. Por esa razón incluye en su diccionario palabras nuevas, a las que la sociedad les ha dado, con el uso, carta de legitimidad, y también americanismos en un intento de ser una referencia integradora para todos los hispanohablantes. Precisamente por todo eso, no se entienden las resistencias y el insólito rechazo que esa institución tan «modernizada» manifiesta ahora a calificar el comunismo de «totalitario» mientras sí utiliza ese adjetivo para el fascismo. La verdad es que esa extraña escrupulitis demuestra incapacidad para adaptarse no sólo al presente sino al pasado pues el propio comunismo ha tenido siempre conciencia del carácter totalitario de sí mismo cuando no ha hecho obsceno alarde de él. La expresión «dictadura del proletariado» no se la ha inventado Esperanza Aguirre para zaherir a los sindicatos (¿habrá académicos que crean eso?) y las páginas de Marx están llenas de alusiones despectivas a la democracia como genuina y degenerada creación de la decadencia burguesa. En las descalificaciones e incluso en el tono, en lo que podríamos llamar «el estilo» a la hora de identificar «democracia» con «burguesía» y «corrupción», es realmente muy difícil distinguir a los apóstoles del comunismo de los del fascismo y el nazismo. Estamos ante el mismo y característico «asco totalitario» hacia el simple olor de las libertades democráticas.
Decía Dürrenmatt que «lo más difícil de demostrar es lo evidente» y a uno con esta cuestión del totalitarismo comunista le pasa como con el chiste del bombero:
–Por su manera de hablar, por sus andares, por su caída de ojos, por su personalidad, por su casco, por sus botas y por la manguera con la que me estás enchufando, so cabrito».
Adaptemos el chiste a la académica cuestión que nos ocupa: ¿Cómo sabemos que el comunismo es totalitario? Pues por la misma definición que del totalitarismo hace la RAE: «Régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos».
No es que el comunismo sea «un totalitarismo más». Es que es el gran modelo totalitario junto con el nazifascista. Es que lo es doctrinalmente y en su práctica, en los veinte y setenta millones de seres humanos que se llevaron por delante Stalin y Mao respectivamente. Es que «Los orígenes del totalitarismo», la célebre obra de Hannah Arendt no es más que el desarrollo de la comparación entre el patrón hitleriano y el soviético. Es que no ya la palabra «comunismo» sino la propia expresión «socialismo real» resulta indisociable de la experiencia totalitaria. Es que Berlinguer ideó el «eurocomunismo» justamente por esa razón y para tratar de salvar los muebles teóricos del desastre práctico. Es que, por ese motivo y porque la caída del Telón de Acero mostró la miseria que faltaba por ver, los comunistas de toda Europa se avergonzaron de serlo en 1991 y los italianos llegaron a disolver el PCI. Es que el propio Felipe González tuvo que organizar dos congresos en el 79 para despojarse de la herencia totalitaria de Marx y abrazar la socialdemocracia. Dicho todo esto, lo único que puede explicar el misterio de la RAE es precisamente un «ramalazo totalitario».
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